Gijón, Mario D. BRAÑA
Todo el acierto y la suerte del Sporting en la Liga se evaporaron ayer, durante 120 minutos y más, hasta unirse a la lista de ilustres descabalgados de la Copa del Rey a las primeras de cambio. La eliminación permite elevar casi a definitivas algunas conclusiones. La primera, que hay una gran diferencia entre titulares y suplentes. Otra, que el exceso de confianza se paga incluso frente a rivales como el Recre, más pendiente de tomar el pulso a la Segunda División. Y, por supuesto, que sin una pizca de fortuna no se puede salir de casa. El Sporting tuvo oportunidades de sobra para decidir en el primer tiempo, pero le faltó la eficacia de otras veces y se condenó al cara o cruz de los penaltis. Habrá quien diga ahora que una preocupación menos, pero también quien añore las noches eléctricas de la pasada edición.
Bernardo, determinante para mantener a su equipo en la eliminatoria hasta el descanso, acabó siendo el héroe de su equipo al desviar el lanzamiento decisivo de un Carmelo que parece peleado con la portería contraria y con el mundo. Tras ese revés, al Sporting le despidió de la Copa un ex, Aitor, que no falló. El arranque del Sporting invitaba a pensar en un trámite. No sólo por el relampagueante gol de Barral, en el que la defensa del Recreativo presentó credenciales, sino por los minutos siguientes. Antes del primer cuarto de hora, Bernardo evitó la sentencia con dos buenas paradas, que denotaban tanto el hambre de los reservas sportinguistas como la fragilidad de sus compañeros. El ambiente, frío de por sí, se destensó tanto que durante un buen rato la gente se despreocupó de lo que ocurría en el césped.
Parecía un buen momento para las reivindicaciones. El más interesado fue Kike Mateo, que desarrolló una actividad frenética. El murciano quería todos los balones y se jugó incluso aquéllos que pedían el pase a algún compañero. Poco a poco, el tembloroso Recre se fue afianzando y sólo necesitó de una bala para igualar el partido y la eliminatoria. Pablo Sánchez metió con toda la comodidad un centro desde la banda derecha tan pasado que encontró en el segundo palo solo a Barrales. El argentino, un tanque poco útil con los pies, sólo tuvo que estirarse un poco para batir al desamparado Cuéllar.
El golpe despertó al Sporting, que volvió a citarse con Bernardo. Pero ya no fue lo mismo. Si el Sporting tuvo más oportunidades hasta el descanso, el Recre también dejó su sello, sobre todo en una falta lanzada por el revoltoso Álvaro Antón que provocó un escalofrío en Cuéllar y la afición. Maldonado, más rápido y entonado de lo que se podía esperar, desequilibraba por las dos bandas, sin encontrar la continuidad en sus compañeros. Salvo en un inteligente pase a la frontal del área que Diego Camacho convirtió, con un toque sutil, en un vistoso remate al larguero.
Pasa a la página siguiente