Gijón, J. E. CIMA
El ciclismo no gana para sustos y en la tarde del lunes Agustín Sagasti, de 39 años, apareció ahorcado en su piso de Munguia. Le encontró su madre, María Isabel, al no acudir a casa de sus padres a comer e ir ella a buscarlo al piso. Pero la vida deportiva de Sagasti se truncó un jueves 23 de junio de 1994 en el descenso de Santo Emiliano, camino de la meta de Mieres durante la última etapa de los XX Valles Mineros, cuando se estrelló contra un coche que había salido de un camino, nada más pasar el pelotón.
Sagasti estuvo ingresado varios días en la UCI del Hospital de Asturias al quedar en coma y con asistencia respiratoria mecánica debido a graves fracturas en costillas, omoplato, fémur de la pierna derecha y cúbito y radio del antebrazo izquierdo. Le hicieron varias operaciones y luego fue trasladado al Hospital de Cruces, en Bilbao, donde se le diagnosticó una fractura del nervio cubital que le impidió ya competir de profesional.
De hecho, con esas graves lesiones logró una incapacidad total y luego su equipo, Euskadi, también hizo una denuncia por falta de protección en carrera. Cuatro años después el juez dictó sentencia de una indemnización de 70 millones de pesetas (420.000 euros) que hizo cambiar todos los estamentos para las carreras profesionales. De hecho, a partir de que Unipublic, que organizaba la Vuelta a España y ese año se hizo cargo de los Valles Mineros, tuvo que abonar esa cantidad, las carreras precisan de un seguro especial para ponerse en marcha.
Sagasti sufrió aquel terrible accidente al kilómetro de descenso de Santo Emiliano y todos temieron que perdiera la vida cuando le atendían sobre el asfalto. Mientras, José Ramón Uriarte (Banesto) ganaba la etapa final en Mieres en una escapada y el veterano italiano Massimo Ghirotto, a sus 33 años, vencía en su primera carrera por etapas. Sagasti, un mes antes, había ganado el sector matinal de la Vuelta al País Vasco con final en Loyola y tenía puestas muchas ilusiones en su carrera deportiva.
Pero las graves lesiones por todo el cuerpo, especialmente en el brazo izquierdo que le impedían tener fuerza para apretar el manillar o cualquier objeto y las secuelas en la pierna derecha, le dejaron incapacitado para competir y también para hacer una vida totalmente normal.
No obstante, el Gobierno del País Vasco le dio un empleo en la Administración y así estuvo trabajando en varios organismos, entre ellos en Hacienda.
Últimamente también hacía paseos en bicicleta, hasta el punto de que el domingo aún participó en una marcha con los amigos. También había retomado sus estudios universitarios de Económicas.
Su muerte causó mucho impacto entre sus amistades y la gente del ciclismo vasco por la forma en que sucedió, cuando no se esperaba algo así.
Los amigos de siempre y del ciclismo le consideraban como una persona perfeccionista. Hasta el punto que cuando comenzó de juvenil a correr llevaba una vida dura y cuidándose como si ya fuera un profesional. Y justamente cuando había llegado al equipo profesional del Euskadi, que dirigía Txomin Perurena y estaba feliz al conseguir su primera victoria en Loyola, tuvo el grave percance en la Vuelta Ciclista a los Valle Mineros que acabó con su vida de corredor.
El ciclista quedó afectado por esta forma de cortar su carrera deportiva y sus amigos cuentan que también tuvo luego momentos de fuertes depresiones.
Pero nadie pensaba en un trágico desenlace cuando su vida económicamente la tenía solucionada con esa sentencia del juez en los Valles Mineros y otro dinero cobrado de seguros que tenía.
El sepelio tendrá lugar esta tarde, a las 19.00 horas, en la iglesia de San Pedro en Munguia, donde su familia y amigos, junto al mundo del ciclismo le harán una emocionada despedida. Precisamente Sagasti empezó en bicicleta porque de niño tuvo una poliomielitis y le aconsejaron un deporte fuerte.