Gijón, N. A.
«A ese que sale ahora del vestuario hay que darle de comer aparte en los entrenamientos». Cuando el preparador físico del Sporting, Gerardo Ruiz, pronuncia esta frase, Alberto Rivera se despide de los presentes camino de su coche. El centrocampista ha jugado todos los minutos en Liga (900) y, a pesar de su aspecto poco hercúleo (170 centímetros de altura y 68 kilos de peso), Rivera atesora unas condiciones físicas que tienen «acongojado» al preparador físico. «Preciado me había avisado de que era sobresaliente en el plano físico. Pero, aún contando con esa advertencia, estoy gratamente sorprendido con su despliegue. No sé hasta cuándo le durará la gasolina, pero su actitud inspira confianza: siempre me lo encuentro en el gimnasio haciendo sesiones extras. Hay mucha gente en este vestuario que trabaja muy fuerte, pero lo de este chaval es increíble», certifica Ruiz.
Pero no sólo ha cambiado Rivera. La configuración de la plantilla este verano ha llevado hasta Mareo a otros privilegiados en el plano físico como Juan Pablo, Gregory o Botía. Unas incorporaciones en las que Gerardo Ruiz ha tenido que ver: «Cuando se contrata a un jugador nuevo hay que tener en cuenta todos los factores del futbolista, incluido el físico, que es muy valorado». Las consecuencias se están plasmando en el terreno de juego, y en la clasificación.