Gijón, Nacho AZPARREN
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero en el caso del Sporting habría que matizar. El conjunto rojiblanco, tan acostumbrado a las alabanzas en este prometedor inicio de campaña, ve cómo sus estadísticas se inflan cuando el árbitro señala el inicio de la segunda parte. Entre los minutos 45 y 90 de los encuentros de Liga y Copa los sportinguistas presentan un balance muy positivo: han anotado nueve goles y han recibido cinco. Este saldo tan favorable no tiene su correspondencia con las primeras mitades, donde el Sporting ha marcado cinco goles por los siete en contra.
Las razones que explican estos parámetros pueden ser varias, pero una primera valoración señala directamente a una correcta preparación física como principal «culpable». El encargado de esta parcela en el Sporting, Gerardo Ruiz, prefiere repartir méritos: «En el fútbol actual influyen muchos factores, no solo el físico, también el táctico, el estratégico, el emocional? El equipo está cosechando buenos resultados y se traduce en que los jugadores tienen la moral muy alta, que hace mejorar su rendimiento en todas las facetas, incluida la física». Es la traducción asturiana al clásico «el fútbol es un estado de ánimo» que acuñó Jorge Valdano.
Esta mejoría en los segundos actos no ocurría la temporada pasada, donde la sangría defensiva perjudicaba de forma notable la trayectoria en la Liga. Los datos dicen que, a estas alturas de competición, entre Liga y Copa el Sporting llevaba recibidos 23 goles, 12 en la primera mitad y 11 en la segunda. En cuanto a las dianas a favor la constante era contraria a la de la presenta temporada: 12 tantos fueron logrados en el primer acto, mientras que 7 fueron materializados tras el descanso. Para Ruiz la gran diferencia se debe a razones cercanas al ámbito emocional del futbolista y explica que «el plan físico que están siguiendo los jugadores es similar al del año pasado. Lo que ocurre es que entonces empezamos jugando contra todos los grandes y los resultados desfavorables fueron una losa psicológica que encontraba su traducción en el apartado físico».
Otra de las diferencias abismales entre la campaña anterior y la presente es el asentamiento de un once tipo con su consiguiente carga de trabajo extra. Una diferencia física entre titulares y suplentes que Ruiz se encarga de igualar en los entrenamientos. «El que está jugando todos los domingos tiene un ritmo mayor con el balón que el que no lo hace. Un titular y un suplente entrenan lo mismo pero no compiten los mismos minutos, ahí está la clave. Un jugador que no esté siendo habitual en las alineaciones en cuanto juegan un par de partidos coge el ritmo fácilmente por la carga de trabajo que acumula en los entrenamientos», explica el preparador físico, que se atreve a poner ejemplos: «Matabuena el próximo día que juegue ya estará al cien por ciento porque acumula minutos de competición. Y lo mismo le ocurrirá a Camacho o a Andreu si tienen ocasión de jugar». Su trabajo se vio reflejado en la eliminatoria de Copa del Rey frente al Recreativo, cuando unos jugadores, que en su mayoría únicamente habían tenido una participación testimonial en la Liga aguantaron a buen nivel durante dos horas seguidas. «Los llamados suplentes se comportaron como titanes. Aguantar los 120 minutos a tope era francamente difícil, creo que el Recreativo estaba mucho más cansado que nosotros. Solo puedo decir una cosa: "Chapeau" para ellos», sentencia el preparador físico sportinguista.
Al margen de la mejoría estadística en los segundos tiempos llama la atención que el tramo donde el Sporting anote más goles sea en los quince minutos iniciales de los encuentros. Los goles de Diego Castro ante el Almería (minuto 5), Barral en Valencia (minuto 7), Mate Bilic frente al Espanyol (minuto 3), y otro tanto de Barral en Copa ante el Recreativo (minuto 2) hablan del nivel de concentración con el que los sportinguistas saltan al campo y representan el 90 por ciento de los goles logrados en la primera mitad.
La Liga es una competición de fondo. Gerardo Ruiz es consciente de ello y por eso avisa de que «hay que tener los pies en en suelo porque aún queda mucho, será difícil mantener este nivel todo el año. A toda montaña le sigue su valle». De momento el Sporting sigue buscando su cima sin sentir vértigo.