Oviedo, Álvaro FAES
Tiene ángel esta selección española, un grupo de virtuosos, intérpretes de un fútbol convertido en sinfonía, un caudal de juego veloz, al toque, combinaciones en corto que quitan el hipo y desarbolan a selecciones como la Argentina, equipo de escaso juego pero sobrado de dureza. Fue por la albiceleste que el partido no pareció nunca amistoso. Un primer tiempo de lujo dio paso al festival de patadas de un rival incapaz de seguir siquiera con la mirada la velocidad de la pelota en los pies españoles. Los argentinos se dedicaron a buscar los tobillos de los chicos de rojo, y por momentos llegaron a sacarlos del partido. Luego España quiso otra vez el balón, se puso manos a la obra y dejó claro que el buen juego también puede derrotar al estilo brusco del grupo que sacó Maradona al campo.
El carácter amistoso del partido se terminó nada más acabar el inicial saludo protocolario. Argentina sigue en busca de un bloque para el Mundial y no iban a saltar al Calderón de palmeros del centenario federativo. La cosa iba en serio y a España no le pudo venir mejor la propuesta. Aceptó el trato de ponerse a trabajar y comenzó el espectáculo. Silencio, se rueda.
Cuando un equipo tiene un patrón de juego las cosas suelen funcionar y futbolistas con problemas en sus equipos demuestren que no son ellos los que fallan. Le pasó a Xabi Alonso, un mariscal en el centro del campo, encantado de encontrarse en el mismo bando a tipos como Xavi, Iniesta y Silva. Hasta marcó el madridista llegando al área convertido en finalizador para poner de cara el partido al cuarto de hora. Ya al final, cuando el equipo tocó a rebato en busca del segundo, colocó en la escuadra el penalti de la victoria.
La jugada del primer gol, primorosa, es un resumen de la propuesta de una selección dedicada a jugar rápido, a mover el balón siempre a ras del suelo y a no entretenerse con artificios innecesarios. Xavi inició la construcción, se apoyó en Capdevila, balón a la banda para Villa, el Guaje se la pone a Silva dentro del área, un quiebro, un disparo, la parada de Romero y Xabi Alonso que aparece desde atrás para asegurar el remate. Una obra de arte.
España no perdió su identidad, pero Argentina trabó el partido en el segundo tiempo. Aumentó el jugo duro albiceleste, adelantaron la línea de la presión y los españoles cedieron algo de terreno. Fueron diez minutos escasos, suficientes para que Argentina tuviese un par de opciones con Di María e Higuaín. El equipo de Del Bosque quería la pelota, pero le costaba algo más conseguirla. En una de estas, Iniesta pisó el área y Gago le lanzó una patada absurda. Penalti claro que se traga Alan Kelly. En el otro lado, y al minuto siguiente, no se le escapó la entrada de Albiol a Maxi. Penalti y gol de Messi. El árbitro irlandés tampoco vio en el primer tiempo a Coloccini meter la mano para sacar sobre la línea un disparo de Villa, otra vez tras una gran jugada de toque de los españoles.
Le queda mucho a esta Argentina de Maradona para tutear a un equipo del calibre de España. Los chicos del Pelusa corrían sin sentido, atolondrados por el derroche de toques sin fin de los españoles. Solo les sostuvo su innata agresividad, que achicó algo a los tocadores de Del Bosque y ayudó a la albiceleste a crecerse y empatar.
Al partido le quedaba media hora y España no estaba dispuesta a entregarlo. Subieron los decibelios y Argentina siguió en su espiral de dureza. Tanta, que sus cuatro defensas acabaron con tarjeta, igual que Gago, tan menor en el medio centro como cuando sale en el Madrid. Del Bosque retiró a Casillas para que le aplaudiera el Calderón la noche de su centenario y Ramos ya pudo marcar de cabeza justo antes de la mano de Demichelis en el área. Al tercero, el irlandés dio penalti. Segundo gol de Xabi y recital en los últimos minutos, en los que el debutante Navas le puso un balón de oro a Negredo para lucimiento de Romero. Y al final, susto con el cabezazo alto de Demichelis.