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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Oviedo, Mario D. BRAÑA
Unos Juegos Olímpicos nunca llegan en mal momento, pero Jaime Ríos tiene la impresión de que los suyos (Sydney-2000) se adelantaron cuatro e incluso ocho años. Porque se plantó en Australia de forma sorprendente, incluso para él, y problemas de todo tipo le impidieron estar en Atenas y Pekín, donde hubiera alcanzado la plenitud como remero. Junto con Mauricio Monteserín, un gallego formado deportivamente en Asturias, Ríos decidió aprovechar todo el trabajo anterior con el cuatro scull para probar suerte en el doble. No había mucho tiempo y rentabilizaron su última oportunidad.
«Fuimos a la regata de Lucerna tras sólo dos meses de acoplamiento, pero con esperanzas porque andábamos muy bien», explica Ríos, que con la perspectiva que da el paso del tiempo define aquella clasificación como principio y final. «Llegamos muy fuertes para la clasificatoria, pero era imposible mantener el pico de forma hasta los Juegos. Habíamos estado un año entero trabajando para ir a Sydney. Teníamos claro que nuestro premio era estar en los Juegos. Y que íbamos a disfrutar».
Por eso participaron en la ceremonia inaugural sin ningún cargo de conciencia. «Fuimos con la convicción de que cuatro años después no podríamos hacerlo porque iríamos a Atenas con posibilidades de competir», recalca. Tal como vinieron las cosas después, aquel momento ha quedado como el mejor de su experiencia olímpica: «Fue una pasada. Lo que más me llamó la atención es que la vuelta al estadio, más de 400 metros, me cundieron como si fueran diez. Fue una fiesta impresionante».
Lo deportivo fue, más o menos, como Jaime y Mauricio habían previsto: «Sabíamos que estábamos entre los puestos 14 y 18. Quince días antes de los Juegos pegamos un bajón físico y veíamos que el bote no iba. Cuando empiezas a estar fuera de punto todo te cuesta más». La plaza 16 que figura en su palmarés olímpico respondió a esas sensaciones: «Estábamos muertos. Era un problema físico. La cabeza nos decía que sí, nos engañaba, pero cuando el cuerpo no va no hay nada que hacer».
Fue, en cualquier caso, un punto de partida que convenció a los responsables federativos. Había que apostar por ese doble scull joven y con margen de mejora. Todo fue bien hasta las vísperas del Mundial de 2002, en Sevilla: «Justo una semana antes, concentrados en Sierra Nevada, hubo problemas con el agua y mucha gente cayó con salmonelosis. Yo estuve dos noches con 39 de fiebre y perdí cuatro kilos. No le hicimos caso al médico, que nos recomendó que no saliésemos, y fue un desastre».
A partir de ahí, los problemas del tándem Ríos-Monteserín tuvieron que ver con el nuevo director técnico, el italiano Gianni Postiglione: «Como nos conocía y sabía lo que podíamos dar, nos dio mucha caña. Fue algo insoportable. Entre ocho y diez horas de entrenamiento diarias y, además, cuando los demás se iban a casa a nosotros nos obligaba a seguir. Hasta que se llenó el vaso y llegamos los dos a la misma conclusión: teníamos que irnos».
Hubo un intento «casero», en Navia, para no tirar por la borda tanto trabajo, pero la opción de Atenas quedó descartada. Hicieron una primera incursión en el mundillo, bien pagado, de la liga de traineras, seguido de un paréntesis de dos años sin actividad. Hasta que en octubre de 2006 se reenganchó a su club de siempre, el Corvera, y volvió al equipo nacional. «Tenía la misma ilusión que de chaval, pero también era realista. Sabía que era difícil hacer un barco competitivo».
Los resultados le dieron la razón. El cuatro sin del que formó parte sólo pudo ser decimocuarto en el Mundial y ni siquiera llegó el milagro de Lucerna. Tras olvidarse de Pekín, los que deberían de haber sido sus Juegos, Jaime Ríos se ha centrado en la Liga de traineras, primero en Laredo y ahora en Astillero. Una actividad rentable, «otra forma de competir» señala él, pero sin el encanto de un acontecimiento como el que vivió en el año 2000. Allí se dio cuenta de que unos Juegos Olímpicos son diferente a cualquier otra competición y que «los que sacan medalla son unos fenómenos».
Jaime Ríos Álvarez
Nació el 31 de octubre de 1977 en Corvera. Empezó a practicar el remo con 12 años en el Club de Remo Corvera. En 1994 empezó a estar en las concentraciones de la selección española. Participó en dos mundiales sub-23 y en los absolutos de Lucerna-2001, Sevilla-2002 y Munich-2007. Logró un diploma (quinto puesto) en doble scull de los Juegos Mediterráneos de 2001 en Túnez. Participó con Mauricio Monteserín en doble scull en los Juegos Olímpicos de Sydney-2000, logrando el decimosexto puesto. En la actualidad compite con Astillero en la Liga ACT de traineras.
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