Oviedo, Á. FAES
Quién le iba a decir al Madrid en plena tormenta alcorconera que iba a llegar al clásico del próximo domingo como líder de la Liga. El empate del Barça en San Mamés y la victoria blanca de anoche ponen a los de Pellegrini los galones de jefes del Campeonato ante el partido más esperado de la primera vuelta.
En el Bernabeu, el Madrid fue otra vez un equipo de medio partido, como en los dos contra el Milán o en el derbi madrileño. Un grupo más o menos ordenado al principio, con ganas, cierto criterio a la hora de jugar el balón y mucha pólvora arriba. Otra cara a la vuelta del vestuario, como hastiados, aburridos de tener un rival más bien insulso, caminantes sobre el césped capaces de aburrir a 75.000 personas conformes por lo menos con el resultado. El día y la noche tras parar quince minutos; quizá le vendría mejor jugar los 90 de tirón.
Raúl tuvo para él la media hora final, extraño concepto de «titularísimo» el que tiene Pellegrini. Dio igual porque parecía que llevaba todo el partido allí. Tocó dos o tres balones y poco más. Fue la noche del perdón de Granero, primera titularidad tras el 4-0 de Alcorcón. El Pirata estuvo activo, disparó con peligro cuando el Madrid andaba fresco y encontró varias veces a Kaká para meterle velocidad a las jugadas.
Los de blanco tuvieron media hora de ilusión que terminó con un posible penalti a Benzema y tuvo por medio el gol de Higuaín y un puñado de paradas de Toño.
El Racing creció luego, pero sin fe, y cuando al final entró el joven Canales, ganó profundidad. Al canterano le anularon un gol legal y el Madrid respiró. Tres puntos y líder.