VÍCTOR RIVERA
Una vieja ley no escrita en el fútbol indica que, cuando el portero es el mejor de tu equipo, el empate es un buen resultado. Por eso, la expedición rojiblanca regresó anoche más que satisfecha de Jerez, donde disputó un partido que pudo ganar en el primer tiempo y que mereció perder en la última media hora. La sobresaliente actuación de Juan Pablo, que ayer presentó su candidatura en firme al trofeo «Zamora», y el monumental atasco ofensivo de un Xerez que sólo ha marcado tres goles en once partidos se conjugaron ayer para que el Sporting siguiese avanzando, de a poquitos, hacia la permanencia.
Hay muchos motivos por los que el punto sumado ayer deja un regusto dulce en el paladar del sportinguismo. En primer lugar porque supone sumar fuera y, de rebote, que un rival directo siga sumido en una profunda crisis de resultados, que no de juego, como se pudo ver ayer. También es significativo que el Sporting ha aprendido a sufrir. El equipo de Preciado ya puntúa cuando no lo merece y ese es el camino más corto para alcanzar los objetivos marcados. Por último, el conjunto gijonés supo sobreponerse a las ausencias más que notables de hombres como Míchel, Diego Castro y Canella, que son importantísimos en una plantilla que no anda sobrada. A última hora también faltó Botía, a quien su compañero en el Sporting y en la selección sub-21 Canella le contagió la gripe. Habrá que ver cómo evoluciona durante la semana el amplio porcentaje de la plantilla que no paraba de toser en el vestuario rojiblanco.
El Sporting jugó gripado en Jerez y el partido se les hizo largo a muchos de los futbolistas rojiblancos. A unos por los síntomas pregripales, a otros por la falta de rodaje durante la competición y a unos pocos porque extrañaron la posición. El inmenso patatal en que se ha convertido el césped de Chapín no ayudó nada a las rápidas salidas a la contra del Sporting.
Con todo, los de Preciado firmaron un primer tiempo estimable, en el que tocaron madera en dos ocasiones y pudieron adelantarse en el marcador con haber tenido una pizca de suerte. En justicia, hay que decir que, al margen del recital de paradas de Juan Pablo, el Xerez también se estrelló en los palos en dos ocasiones. Tras el descanso, el Sporting quiso controlar el partido pero fue encogiéndose en su área, en la que acabó encerrado.
Ahí fue donde emergió la inmensa figura de Juan Pablo para neutralizar cada una de las acometidas locales. Su abanico de paradas incluyo una mano a la escuadra tras un remate en chilena de Keita, el mejor de los locales, y una estirada abajo a dos manos para repeler un cabezazo de David Prieto a la salida de un córner. Incluso intervino lo justo para desviar al larguero la volea de Keita que abrió el carrusel de ocasiones locales en los primeros minutos del encuentro. Si ya gustaba por su sobriedad, Juan Pablo opositó ayer a ídolo rojiblanco.
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