Oviedo, N. L.
La puesta en escena del primer duelo grande del curso advierte la pugna de dos estilos, de dos formas de contemplar el juego, el espíritu y la estrategia, implantada por técnicos engrandecidos por su reputación: Pep Guardiola y Manuel Pellegrini.
En apenas un año en el banquillo azulgrana, Guardiola (Santpedro, 18 de enero de 1971) ha dotado de aires nuevos al fútbol. Y es que en sólo un curso cortó de raíz las penurias que acumulaba la entidad azulgrana, a rebufo los dos últimos años del Real Madrid, y asumió la responsabilidad de licenciar a parte de las «vacas sagradas» que prolongaban sin fruto su trayectoria en el Barcelona.
Alumno aventajado del holandés Johan Cruyff en la etapa del «Dream team», no le tembló el pulso para dotar a la plantilla de un nuevo aspecto sin el resplandor de estrellas como Ronaldinho o Deco. También amenazó la presencia del camerunés Eto'o, quien terminó por hacer las maletas al inicio de la presente temporada.
Guardiola ha trasladado a la pizarra el talento que evidenció como jugador. Símbolo y referencia futbolística del Barcelona sobre el campo, el actual preparador destacó por su excepcional visión de juego y por la precisión en el golpeo del balón. Dotes que acopló a su carisma y marcada personalidad que le convirtieron en el líder y el director de su equipo en el terreno de juego, una proyección en el campo de su entrenador.
Nada más llegar al banquillo de la primera plantilla azulgrana disipó las sospechas que generó su falta de experiencia con una firme fe en sus ideas. Desde su puesta de largo como entrenador el Barça ha acaparado la brillantez en el juego. Nadie es capaz de hacer sombra a su equipo, sostenido por un notable manejo del balón, la permanente rapidez en su movimiento y el compromiso de una plantilla identificada con los principios de su técnico.
Los jugadores presionan los noventa minutos. Una maquinaria perfecta plagada de trabajo, arte y talento que apenas deja pensar, respirar a sus rivales. Convencida de la conquista de cada empresa. De lograr un gol tras otro.
A la calidad de sus jugadores ha instaurado el esfuerzo, la lucha. Y con resultados. En su primera temporada ganó un triplete histórico: Liga, Liga de Campeones y Copa del Rey. Título a los que se unió la Supercopa de Europa ante el Shaktar Donestk y la de España ante el Athletic.
El designado por el Real Madrid como antídoto a Guardiola ha sido Manuel Pellegrini. Apuesta firme de Jorge Valdano, el chileno (Santiago, 16 de septiembre de 1953) fue el elegido en el nuevo proyecto de Florentino Pérez al mando de la nave blanca. Un amante del fútbol, serio, estudioso, metódico, que llegó al Villarreal en 2004 y que lo llevó a lo más alto de su historia.
En un club de presupuesto limitado logró firmar los mejores momentos de su historia. Llevó al «submarino» en 2005 a los cuartos de final de la Copa de la UEFA y al año siguiente a las semifinales de la Liga de Campeones. También fue subcampeón de Liga por vez primera y lograba su clasificación de forma directa a una edición de la Liga de Campeones de la temporada 2009. en donde llegó hasta cuartos. Durante ese trayecto, el Villarreal de Pellegrini presumió de ser uno de los equipos que mejor fútbol ejecutaba en la Liga española. Vertical, comprometido en la presión, sólido y compacto como bloque. Trazos que todavía no ha logrado definir en el Real Madrid.
«Mi desafío es lograr la excelencia», señaló el chileno al ser presentado como responsable del banquillo blanco. De la excelencia hay pocas noticias, pero el Madrid es líder y el chileno replica que «las cifras, los goles y los triunfos avalan lo que hacemos». «Somos punteros», es su frase favorita, y a quien le recuerda el batacazo copero le recita de memoria los jugadores nuevos que tiene el club. Por eso reclama tiempo mientras presume de números.