Gijón, Nacho AZPARREN
El pasado 11 de mayo la portada del periódico brasileño «Lance» era tan concisa como expresiva: «Nilmaradona». Era su tributo a un gol antológico que multiplicó la fama del joven ariete del Villarreal a dimensiones insospechadas. La obra de arte había tenido lugar en un Corinthians-Internacional cuando, a los diez minutos de juego, Nilmar recogía un balón acostado en la banda derecha y, tras driblar a cinco defensas, definió con maestría para anotar uno de los goles más estéticos que se recuerdan.
Fue el momento culmen en la frenética vida deportiva del ariete del Villarreal, que a sus 25 años ha probado todos los sinsabores del mundo del fútbol. De niño prodigio con 18 años pasó al fracaso en su primer asalto a Europa con el Lyon. De su resurrección en Brasil a destrozarse los ligamentos de la rodilla derecha. De su gol «maradoniano» a un duro inicio de campaña con el Villarreal. Ahora el atacante parece haber cogido ritmo anotador. Sus dos goles ante el Valladolid confirman su gran momento: la semana anterior había hecho otros dos goles con Brasil en los amistosos ante Inglaterra y Omán (de los últimos siete goles de la «canarinha», seis llevan su rúbrica).
Su calidad y velocidad no pasan desapercibidas para los zagueros sportinguistas. «Es muy peligroso, rápido y, además, parece que viene en racha. Habrá que tener cuidado con él», avisa un cauteloso Canella. Para Gregory supondrá un cambio de mentalidad: de pelear cada balón aéreo con las torres xerecistas al balón raso de los atacantes amarillos. «Estoy preparado para cualquier tipo de delantero, sea alto o bajo, rápido o no, debo estar listo para enfrentarme con los mejores atacantes del mundo», explica el francés.
Esta tarde dos rachas se cruzan en El Molinón: el acierto goleador de Nilmar y la seguridad defensiva del Sporting, que no ha encajado tanto alguno en los últimos 229 minutos. En juego, tres puntos y ver qué racha se impone.