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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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POR PEDRO RAMOS El gran clásico del fútbol español no defraudó. Barcelona y Real Madrid convirtieron el Nou Camp en el foco de atención del planeta fútbol. Millones de seguidores de todo el mundo disfrutaron, vibraron, se alegraron y sufrieron a partes iguales. El resultado refleja que ganó por la mínima el equipo nacionalista e independentista que preside Juan Lapuerta, como le llamó en su día José María del Nido. El resultado no se puede variar; sin embargo, las reflexiones pueden ser de lo más variopintas según el cristal con que se mire el clásico. La influencia de los colores tiene su importancia, para qué negarlo. Así, el clásico desde la orilla azulgrana podría tener este resumen: «Volvemos a ser líderes. El fútbol ha hecho justicia con el mejor; con el equipo que ha ganado todo en el Nou Camp; con el que mejor fútbol hace; con el vigente campeón; con el "Pep Team"; con el equipo del triplete. El Real Madrid se ha derretido en nuestras manos. No es capaz de inquietar ni contra diez. Y eso que Ibrahimovic no salió como titular y Messi no está en su mejor momento de forma y, además, está renqueante de una lesión. Si llegamos a estar en plenitud hubiéramos podido igualar o mejorar incluso el 2-6 del año pasado en el Bernabeu. Ha quedado demostrado que somos los candidatos número uno para reeditar el título de Liga y también para aspirar a la Liga de Campeones que ganaremos, por cierto, en el campo madridista. Que os hayamos cedido circunstancialmente el liderato durante una semana sólo se trataba de una estrategia para que llegarais crecidos al Nou Camp y daros detrás de las orejas. Visca el Barça, que este Madrid es pan comido».
Lógicamente el punto de vista culé no coincide en nada con el de un castizo madridista. La influencia del color blanco desde el prisma del clásico llevaría a la siguiente reflexión: «Nos faltó la suerte que a ellos les sobró. Nosotros jugamos mucho mejor y eso que lo hacíamos fuera de casa y no teníamos al público de nuestro lado. Fue el Real Madrid el que dominó el partido desde el principio; el que más buscó el gol; el que tuvo la ocasión más clara. Si Cristiano Ronaldo acierta ante Valdés en el primer tiempo, adiós al Barça. Tanto equipo de ensueño y juego que encandila y resulta que el Real Madrid trató de tú a tú al que, dicen, es el mejor equipo del mundo. Nos merecimos llevar, al menos, un empate. Y no saquéis pecho porque esta victoria mínima no os da ni el 'goal-average'. En el Bernabeu será otra historia. Además, queríamos darle emoción a la Liga. Si llegamos a ganar nos hubiéramos ido de cuatro puntos en la clasificación y la cosa ya no tendría interés. Y sólo por no aguantaros la llorera. Así que disfrutar esta semana porque al final ganaremos otra vez la Liga. Con Cristiano el Madrid a más y os lo hemos demostrado ante vuestras propias narices».
Cambiamos radicalmente de registro, pero no de prisma. Para que vean si las cosas varían según el color del cristal con que se miran. Aunque no fuera el gran clásico del fútbol español, el Francia-Irlanda dio mucho que hablar por aquella escandalosa y continuada mano de Henry en la jugada que, a la postre, acabó en gol en el último minuto y dio la clasificación a los franceses para el Mundial de Sudáfrica. Esa influencia que ejerce el cristal con que se mira llevó a Martín Hansson, árbitro sueco que permitió el desaguisado, romper su silencio para afirmar que «no fue culpa mía». Como lo leen. El árbitro sueco atribuyó a «la mala suerte» el no haber pitado la mano del delantero francés del Barça. No es ninguna broma. Es cierto y está impreso en el periódico «Sydöstran» de Suecia. Eso sí, por muy gordo que sea el cristal y muy cambiantes sus colores, el tal Hansson, en un alarde de sinceridad reconoció que pensó en dejar de arbitrar a raíz de este error, pero insiste en que no pitar infracción en esa jugada de la mano «no fue culpa mía ni de mi equipo arbitral. Fue mala suerte y tuvo grandes consecuencias para Irlanda». En fin, que la culpa es viuda. El cristal será del color que cada uno decida y tendrá su influencia, eso es innegable, pero la realidad, y esa también es innegable, es que Francia se clasificó gracias a ese gol a todas luces ilegal e Irlanda se quedó fuera. Martín Hansson puede decir misa, pero los hechos son los hechos.
Poco saben en Inglaterra de toros y de la fiesta nacional (española, claro). No obstante, sí han asimilado un término que debería de patentarse mundialmente, el de la «vergüenza torera». La frase o el dicho se acuña en el sentido de que hay que superar los miedos propios y dar la cara, y se basa en que los toreros sienten miedo, como humanos que son, pero se arriman al toro porque les daría vergüenza no hacerlo. En fin, sea como fuere, un equipo inglés, el Wigan, ha decidido aplicárselo en primera persona después de perder 9-1 (no es un error, fue un 9-1 como una casa) en partido de la Premier League contra el Tottenham. Lo habitual en el fútbol, según esa extraña influencia del cristal con que se mira, es que los jugadores y la directiva del Wigan se escudaran en que tan sólo habían tenido un mal día y que, al fin y al cabo, son tres puntos como en cualquier otro partido; a ello se añadirían los habituales «trataremos de recuperarnos en el siguiente partido», «hay que seguir trabajando, no queda otra» o el «no podemos venirnos abajo por un resultado adverso». Pero no, la vergüenza torera ha hecho que la plantilla del Wigan se declarara «avergonzada» y por eso devolverá el dinero de las entradas a los aficionados que se dieron cita en el White Hart Line Satdium para presenciar aquel encuentro.. Es un gesto sin precedentes del que muchos deberían tomar nota, lo miren con el cristal con que lo miren. Por cierto, que el Wigan está entrenado por el técnico español Roberto Martínez.
Hay veces, sin embargo, que por mucho que uno mire a través de un cristal, no ve nada. Sucede cuando una va ciego. Así es imposible ver. Le pasó al patinador ruso Andrei Lutai, arrestado por ser sospechoso de robar un coche y de conducir en estado ebrio hace unos días en Estados Unidos. Aunque aquí en España el patinaje sobre hielo no es un deporte arraigado, en Rusia, sí. Por eso la reacción de la Federación rusa de patinaje no se ha hecho esperar y ha suspendido por un año al borrachín y amigo de lo ajeno, Andrei Lutai. Lo más gordo es que Lutai era uno de los firmes candidatos a medalla en los Juegos de Invierno de Vancouver del año que viene pero ya no podrá participar en ellos porque está excluido de la selección nacional hasta el 15 de noviembre de 2010. Este Lutai, si quiere volver a ver por cualquier cristal, tendrá que dejar de ponerse ciego. Si en vez de en Estados Unidos comete el delito en Rusia, le condenan a trabajos forzados en la estepa Siberiana. Qué duro es ser deportista.
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