Oviedo, Á. F.
La polémica siempre rondó a Fausto Coppi. En la carretera, por su enfrentamiento abierto con Gino Bartali, y fuera, por ser un declarado agnóstico en una época difícil para serlo en un país como Italia, incluso para una estrella indiscutible.
Declaró su anticlericalismo en 1952, cuando su hoja de servicios ya tenía cuatro Giros y un Tour. Desató la polémica en Italia y la antipatía de los sectores más puritanos, volcados con el muy creyente Bartali.
Coppi saltó a la crónica rosa en 1953. Casado con Bruna Ciampolini, con la que tuvo a Marina, su primera hija, se embarcó en una relación extramatrimonial con Giulia Ochhini. Tras ganar el Mundial de ese año en Lugano, entregó el ramo a una mujer vestida de blanco. Por ella dejó a su esposa y la «Dama blanca», como la rebautizó la prensa italiana, abandonó a su vez a su marido, el conocido doctor Locatelli, ferviente admirador del Coppi ciclista.
El papa Pío XII condenó la relación pecaminosa y Giulia pasó tres días detenida acusada de adulterio. Huyeron a México, donde se casaron (sin validez en Italia), y más tarde a Buenos Aires. Allí nació Faustino, el segundo hijo del gran Coppi.