ANDREU DALMAU / EFE
Oviedo, Mario D. BRAÑA
Despedido a lo grande el mágico 2009, el Barcelona se atragantó a las primeras de cambio. O le frenó un ejemplar Villarreal, uno de los pocos equipos capaz de jugar de tú a tú a los azulgranas. Ernesto Valverde le tomó bien la medida a su ex compañero Pep Guardiola y los jugadores amarillos lo hicieron todo a la perfección: defendieron con firmeza y atacaron con la calidad que se le supone a varios de sus peloteros. Pudo ganar cualquiera, y eso ya es mucho para un visitante del Camp Nou, que al final vio como volaban los primeros dos puntos de la Liga.
El Villarreal no dio ni un minuto de respiro. Después de hacer los honores al equipo de las seis copas, con el balón en juego se le tiró a la yugular. Valverde quiso demostrarle a Guardiola que conoce la forma de desactivar la máquina azulgrana. Y lo consiguió casi siempre. El gol de Pedro tras una vertiginosa jugada de contragolpe fue un paréntesis en una primera parte de lo más engorrosa para el Barça. Resultó raro ver a Valdés sacar tantas veces en largo. Por más vueltas que intentó darle Guardiola al asunto, Piqué y compañía no encontraban manera de salir jugando.
Ausente Messi, que sólo estuvo para la foto protocolaria, y los dos africanos del centro del campo, Guardiola reservó iniciamente a Iniesta. Se olvidó de experimentos y mantuvo en el eje de la medular a un excelente Busquets, al tiempo que daba la alternativa a Jonathan dos Santos. Ni siquiera la rápida ventaja, gracias al inevitable Pedro tras un trallazo de Henry al larguero, entonó al Barça. No le duraba el balón y sufría con cada acometida del Villarreal. David Fuster tuvo el empate por dos veces y, ya cerca del descanso, Marcano fue agarrado por Alves dentro del área.
El árbitro miró para otro lado, igual que tres minutos después, cuando Capdevila atropelló a Pedro en el área contraria. La ventaja al descanso no tranquilizó a Guardiola, al que le faltó tiempo para corregir los muchos defectos de su equipo. Durante cinco minutos, la doctrina de Pep pareció calar entre sus hombres. La segunda parte comenzó con el Barça arrinconando, al Villarreal. Falsa apariencia. David Fuster volvió a explorar las debilidades del sistema defensivo barcelonista. A la primera soltó un cañonazo alto, pero un minuto después cruzó de forma ejemplar un centro muy apetitoso de Cani.
Restablecido en el marcador el equilibrio evidente en el juego, Guardiola recurrió a su nombre más ilustre en el banquillo. El efecto de Iniesta sobre el partido fue inmediato. Dio más fluidez al centro del campo y, además, fue el primero en inquietar a Diego López, que se recreó para despejar un remate del albaceteño. Ibrahimovic también rondó el gol, pero su remate en el minuto 81 se fue rozando el poste derecho castellonense.
Ante la inminencia del tropiezo, el Barcelona perdió la paciencia y buscó en el árbitro la excusa para tantos apuros. Tanto se desesperó que el Villarreal tuvo la última, y más clara, opción de llevarse la victoria. Senna, magistral, marcó los tiempos para situar a Rossi mano a mano con Valdés; el italiano libró la salida del portero y remató con sutileza, quizá demasiada porque dio tiempo a que Puyol salvara el gol bajo los palos. Una buena razón para que al barcelonismo no le sentara tan mal el empate.