J. J.
Restablecido el equilibrio, el Sporting volvió del vestuario con otra cara, y con Míchel, que no tardó en hacerse notar. El lenense se puso al frente de las operaciones y el juego se volvió más fluido, para gozo de Barral, que empezó a tener suministro. En tres minutos el delantero jerezano remató dos veces con peligro, tras jugadas bien llevadas desde atrás; pero cuando parecía todo controlado apareció la zurda de Duda. El portugués convirtió una falta rutinaria en una bomba de relojería. Enroscó el balón al área con tal efecto que, después de despeinar a varios malaguistas y gijoneses, cayó como fruta madura en el pie derecho de Weligton.
Con la nueva desventaja Preciado quemó las naves. Reclutó a otro pelotero, Carmelo, y dejó a Míchel solo al mando. El efecto fue inmediato. En los dos minutos siguientes el Sporting arrinconó al Málaga en su área. Primero Diego Castro estampó un remate en el larguero y, en el siguiente ataque, la defensa visitante se multiplicó para evitar el empate, que acabó llegando en un ejercicio de fe de Canella. Castro volvió a intentarlo, el balón rebotó en la espalda de Maldonado y Canella, a unos 30 metros, largó un zurdazo que tras librar la maraña de piernas dejó con el molde a Munúa, que se tragó el balón.
Con el Málaga cada vez más acomplejado, el tramo final fue de absoluto dominio sportinguista. Míchel se bastaba para cortar y marcar el ritmo, mientras que los laterales jugaban cada vez más en campo contrario. Carmelo, De las Cuevas, Maldonado y Diego Castro se intercambiaban posiciones, creando los espacios para desarbolar a una defensa que no daba abasto. Barral volvió a rondar el gol con un remate de tijera que detuvo Munúa, que intervino por última vez sobre la hora para blocar un tiro de Carmelo desde dentro del área.
En el descuento, empujado por una afición exaltada a partir del empate a dos, el Sporting se volcó de tal forma que estuvo a punto de pagarlo con la derrota. Pedrito pilló un contragolpe con el único obstáculo de Canella, al que retó en una carrera de casi cien metros. El malaguista llegó primero a la meta del área, pero su remate no fue lo suficientemente bueno como para sorprender a Juan Pablo.
No hubo tiempo para más. A la hora del balance, nubes y claros por los dos bandos. En el Sporting prevalecía la impresión de que se habían escapado dos puntos porque había sido mejor que el Málaga; pero, visto lo visto, el empate no está tan mal para seguir tirando. La recuperación de Bilic y el ajuste de alguna pieza debería dar mayor empaque de cara al futuro.