ANTONIO RICO
Siempre que un ser humano cumple cien años, no falta el periodista que le pregunta por el secreto de su éxito, la fórmula que le ha permitido cumplir un siglo en este valle de lágrimas, la receta de la vida larga. Y eso es una tontería, porque no hay secretos, fórmulas o recetas para vivir cien años. La prueba está en que, si hacemos caso a nuestros abuelos centenarios, si queremos tener una larga vida tendríamos que tomar un vaso de agua nada más levantarnos de la cama, o comer mucho ajo, o dormir la siesta todos los días, o no probar la carne de cerdo, o ducharse con agua fría, o hacer el amor al menos tres veces a la semana, o todo lo contrario de lo anterior. Pero hay algo más tonto que preguntar a un señor que ha cumplido cien años cómo lo ha conseguido, y es preguntar a los jugadores de un equipo de fútbol al que le van bien las cosas por el secreto de su éxito. Está pasando estos días con el Mallorca.
El Mallorca parecía, al principio de la temporada, carne de Segunda División. Un equipo despellejado, un club con problemas en los despachos y en la cuenta corriente, una afición que se temía lo peor... Y ahí están los chicos de Gregorio Manzano, en puestos de Liga de Campeones, con treinta puntazos en el casillero y permitiéndose el lujo de presentarse en el Bernabeu metiendo miedo a los Ronaldo, Casillas y compañía. ¿Cuál es el secreto del éxito del Mallorca? ¿Cuál es su fórmula para sumar treinta puntos en dieciséis jornadas de Liga? ¿Cuál es su receta para sobrevivir en la mejor Liga del mundo? Unos dicen que el secreto es el trabajo de Gregorio Manzano, el elegante entrenador del Mallorca. Para otros, la fórmula del Mallorca es el compromiso del grupo mezclado con un pelín de buena suerte. Y, según otros, la receta del Mallorca es que no juegan once jugadores, sino un equipo. Todo eso está muy bien. Pero si la buena marcha del Mallorca en la Liga tiene que ver con el entrenador, con el compromiso, con la suerte y con formar un equipo, entonces la deprimente trayectoria de equipos como el Xerez, el Zaragoza o el Atlético de Madrid tendrá que ver con la torpeza de sus entrenadores, la falta de compromiso, la mala suerte y la incapacidad para formar un equipo. ¿Es así? Creo que no. Decir que el Mallorca está donde está porque la plantilla del equipo está comprometida con el proyecto de Manzano es como decir que para vivir cien años hay que beber un vaso de agua al levantarse de la cama.
Lo del compromiso y el buen rollo entre los jugadores es algo que siempre se dice en los buenos momentos futbolísticos. Lo hemos escuchado mil veces para explicar el éxito del Barça de Guardiola y de las seis Copas, por ejemplo. Personalmente, me parece que eso del compromiso y del buen rollo es algo que viene después de los buenos resultados, no antes. Algunos ideólogos del buen rollo en las empresas como Tom Morris, autor de un libro titulado «Si Aristóteles dirigiera la General Motors», sostienen que un grupo bien cohesionado, formado en las virtudes clásicas y en el que cada uno se preocupa por el bien del otro, no sólo será capaz de mejorar la producción y las ventas, sino que todos se sentirán más felices en el trabajo. Es posible, entonces, que el éxito del Mallorca en cuanto a producción (de puntos) y ventas (de camisetas), así como la felicidad de sus jugadores tanto en los entrenamientos como en los partidos oficiales, se deba a que el club está dirigido por Aristóteles. Sin embargo, me da la impresión de que los dirigentes del Mallorca despedirían a Aristóteles si el equipo pierde el próximo domingo en el Bernabeu, y pierde también el siguiente partido, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente... Y, con los malos resultados, el compromiso se irá a hacer gárgaras, junto con el buen rollo, la buena suerte y el formar un equipo. Que sí, que está muy bien seguir las teorías de Aristóteles tanto en la General Motors como en el Mallorca, pero no exageremos. Si un señor que acaba de cumplir cien años nos dice que el secreto de su larga vida es que todos los días lee un fragmento de la «Ética a Nicómaco» de Aristóteles, lo pondremos en la lista de secretos, fórmulas y recetas junto con el vaso de agua, el ajo y la siesta, pero nada más.
El secreto es que no hay secreto, jolín. Ninguna fórmula resiste la prueba del algodón de una mala racha. Las recetas sólo están escritas en el viento. Los jugadores del Mallorca no saben por qué su equipo es cuarto en la Liga, los centenarios no saben por qué llegaron a los cien años y a una empresa como la General Motors, la verdad, lo mismo le da que la dirija Aristóteles, Maquiavelo o Marx. Bueno, Marx no, claro...