Oviedo, Á. F.
Barcelona-Sevilla, duelo estelar de la Copa en la ida de los octavos de final. Camp Nou. Asistencia: 43.000 espectadores, ni siquiera medio aforo. El fiasco se prolongó al resto de campos y sólo Balaídos -además de Santo Domingo en el Alcorcón-Racing- superó su media de la Liga para el Celta-Villarreal. Y es que la Copa no vende. Lleva varias temporadas enferma y sólo la llegada de las semifinales y la final hacen crecer el torneo. Hasta entonces, jugarla es un papelón para los equipos de Primera, más todavía para los que andan metidos en competición europea.
Las alineaciones se llenan de suplentes, los partidos se juegan por semana a horarios intempestivos y las tribunas se quedan vacías. Sin ir más lejos, el mencionado Barça-Sevilla se jugó en plena noche de Reyes, a las 22.00 horas. Los eliminados por sorpresa miran hacia otro lado, disimulan y se centran en sus objetivos primeros. El campeón tiene plaza para la Liga de Europa, la versión descafeinada de la vieja UEFA, un premio que no anima a los desvelos de pasar medio invierno subido al avión para presentarse un miércoles por la noche a jugar con frío en un estadio sin gente. El sistema de competición tampoco ayuda a animar el cotarro. España es el único país de las ligas punteras que mantiene las eliminatorias a doble partido. Italia, Alemania y Francia ya se adaptaron al modelo inglés a partido único, campo abonado para las sorpresas.
La Federación y la Liga de Fútbol Profesional no se plantean un cambio. Ya se hizo durante varias temporadas, pero se volvió atrás, al viejo sistema. A los equipos grandes les incomodaba verse sonrojados en el campo de un Segunda B. El Madrid no se libró este año, ni siquiera con el doble partido. El «Alcorconazo» desató una tormenta en el Bernabeu y Pellegrini se libró de milagro. Incluso para los que están en competición europea se reserva el enfrentamiento ante los supervivientes de Segunda y de Segunda B.
Sólo las eliminatorias iniciales -sin equipos de Primera- se juegan a partido único. Los grandes aparecen en los dieciseisavos de final y someten a los de categoría inferior a un exigente choque de ida y vuelta, con el segundo partido, además, en el campo del grande. Dicen los padres del sistema que así salvan la taquilla de los modestos, que con una goleada en la ida quedaría mermada.
La Copa es sagrada en Inglaterra. Todas las rondas a partido único y en fin de semana. Y nada de prórrogas. En caso de empate, otro partido. Los de la Premier se baten el cobre desde treintaidosavos, igual que en Alemania. El modelo inglés triunfa en Europa. En Italia sólo las semifinales tienen ida y vuelta. El resto, a cara de perro. Igual que en Francia, donde 7.000 equipos la juegan. Nueve rondas hasta que entran los «primeras».