Madonna di Campiglio (Italia), Álvaro FAES,
enviado especial de
LA NUEVA ESPAÑA
Ferrari corre en casa en Madonna di Campiglio. Hace veinte años que celebra su concentración invernal en los Dolomitas de Brenta, una de las vertientes italianas de los Alpes. El pueblo, a 1.520 metros de altura, temperatura bajo cero ayer durante todo el día, es una fiesta roja. Quien piense en una concentración como las de los equipos de fútbol está equivocado. No hay sesiones maratonianas de preparación física, ni entrenamientos eternos. Son más bien unas jornadas de convivencia, con los pilotos del equipo como estrellas del sarao. También están los de Ducati de MotoGP, con Casey Stoner y Nicky Hayden a la cabeza.
La afluencia de turistas es italiana en un 80 por ciento. «No he visto un solo español desde hace veinte años», dice Vito, un experimentado monitor, antiguo esquiador profesional, que vive todo el año en el coqueto pueblo. Junto a Cortina D'Ampezzo, forma uno de los complejos del esquí de lujo. El hotel Majestic está en el centro de la villa. Casitas de madera, tiendas de esquí y un buen número de cafeterías. Madonna di Campiglio está en el circuito exclusivo de la nieve italiana. Los locales dicen que el metro cuadrado para un apartamento está a más de 15.000 euros, igual que en el centro de Roma. En una de las zonas más tranquilas se ultima la construcción de seis villas de alto nivel. Cuestan casi seis millones de euros y el campeón del mundo de MotoGP, el italiano Valentino Rossi, está pensando en hacerse con una.
Es temporada baja después de las vacaciones navideñas. Por eso casi todo el que pulula por allí tiene algo que ver con Ferrari. La Scuderia tiene estos días 350 invitados. En las pistas, rodeadas de inmensos abetos, el silencio es absoluto, sobre todo en las cotas más altas. Se rompe con el deslizar de los esquís. Un ejército de monitores contratados para la ocasión ocupa la estación. Están para guiar a los invitados, para enseñarles los secretos del esquí y la belleza de un paraje pegado al mítico paso Stelvio.
El secreto de todo esto lo tiene la tabacalera Philip Morris, emparentada con el complejo invernal y patrocinador de Ferrari en la escudería de Fórmula 1. También de Ducati en MotoGP.
En el centro del pueblo lucen todavía las luces de Navidad. Lo harán durante todo enero. A cada esquina, motivos de Ferrari. Fotos de los pilotos que han pasado por allí. Schumacher, Barrichello, Massa, Ickx? Las tiendas están entregadas a la causa y por caja pasan continuamente turistas con productos del equipo nacional italiano en la Fórmula 1, que es la consideración que tiene la Scuderia en el corazón de los azzurri.
El monte Spinale (2.101 metros) domina una de las vertientes de la estación de esquí. Spinale Diretto (roja) y Spinale Direttissimo son dos de las pistas emblemáticas, la segunda, según otro de los monitores, Dean, «la bajada más difícil de Madonna di Campiglio».
En la coqueta plaza principal del pueblo la nieve se acumula en las esquinas. Las pequeñas calles lucen limpias, libres casi todas de coches, gracias a su carácter peatonal. Un café normal cuesta dos euros, nada barato, en la línea de precios de las mejores estaciones de esquí. Son 55 kilómetros de pistas, pero llegan hasta 150 gracias a las conexiones con las cercanas Pinzolo y Groste.
La niebla deslució ayer el día. Se enganchó por debajo de la cota más alta de la estación (2.500 metros) y se empeñó en esconder la belleza de un paisaje de cuento. Es igual, Madonna di Campiglio es un pueblo de postal. Las pistas son espectaculares. Entre abetos, largas, anchas y muy cuidadas. El sistema de nieve artificial funciona a todo trapo y se combina con la natural, que no falta estos días.
En esta estación escribió Alberto Tomba algunas de las páginas más vibrantes de su carrera. Italia entera se extasiaba con la Copa del Mundo. Después de 50 años en el campeonato, Campiglio ha perdido su prueba. No podían cumplir las condiciones de la Federación Internacional, que pedía organizar dos carreras. Pero sólo tenían una pista homologada y se cayeron del calendario. Es como si a Monza la sacan de la Fórmula 1. Tienen la promesa del regreso en 2012. Cuando Tomba arrasaba llegaron a reunirse 40.000 personas en Canalone, la pista de la Copa del Mundo. Sólo había una tribuna, pero la montaña se convertía en atalaya natural.
En el Centro de Convenciones Ferrari tiene su cuartel general. Por allí se pasean Fernando Alonso y Felipe Massa toda la tarde. El brasileño conoce bien el lugar. El asturiano disfruta de su primera experiencia. Madonna di Campiglio es cautivadora.