Oviedo, Mario D. BRAÑA /
Álvaro FAES
Desde hace una semana, Michu está en boca de toda la Asturias futbolística, mientras que él no dice una palabra, al menos en público. Y no lo hará hasta mañana o pasado, siguiendo el consejo de los dirigentes de su club, el Celta. Mientras, otros siguen hablando por él, para dar una explicación más o menos coherente a su frustrado fichaje por el Sporting. Un desenlace que ha sentado mal en Gijón y ha llenado de orgullo al oviedismo, como se pudo comprobar ayer por algunas pancartas en el Carlos Tartiere.
«Casi seguro que voy para allá. No te pido que lo entiendas, te pido que lo respetes». Este SMS, que recibió el jueves un reducido grupo de amigos de Michu, formado por oviedistas acérrimos, pareció decantar la balanza del lado del Sporting. Uno de los receptores, que prefiere mantener el anonimato, explicó a LA NUEVA ESPAÑA que tras su respuesta, en la que exponía su recelo al fichaje, tuvo réplica inmediata de Michu: «Muchas gracias, he tenido muy clara siempre mi decisión».
Según esta versión, Michu siempre estuvo más predispuesto al «no» que al «sí» al Sporting. Y que sólo la falta de experiencia en estos asuntos le impidió zanjar la cuestión a las primeras de cambio. Eso y el empeño del Sporting, que fue mejorando la oferta que le presentó a su padre, que ejerce de representante, y a su hermano Hernán, abogado. Hasta el punto de que ambos llegaron a considerar irrechazable la última: casi dos millones y medio de euros por cuatro temporadas y lo que queda de ésta.
Michu tuvo que afrontar este momento clave de su carrera totalmente solo, en Vigo, lesionado y con sus compañeros en Valencia para jugar el partido de Copa frente al Villarreal. Se debatía entre lo que le dictaba la razón y su círculo familiar, predispuesto a aprovechar una importante mejora en su carrera profesional, y su sentimiento, marcadamente oviedista.
Desde su marcha al Celta, en 2007, Michu siguió muy de cerca al Oviedo y nunca le importó mostrarse en actos públicos junto a los seguidores más radicales del club. Vio partidos desde el fondo del Tartiere que ocupa la peña Symmachiarii y asistió a sus fiestas. Desde ese entorno le llegaron los mensajes más críticos a su posible llegada al Sporting, así como de los radicales del bando gijonés.
Desde que se conoció el interés del Sporting, Michu tuvo que apagar su teléfono móvil y cerrar los perfiles de sus redes sociales, Tuenti y Facebook, medios utilizados para presionar, insultar e, incluso, amenazar al centrocampista. Sus íntimos aseguran que todo esto le ha servido para desengañarse con algunas personas que consideraba amigas. Y, por contra, para descubrir la categoría humana de otros, como su entrenador en el Celta, Eusebio, que lo trató como un hijo.