Madrid, Víctor RIVERA
«Ha sido un partido más vibrante que bien jugado». Las palabras de Preciado resumen un choque que hizo las delicias de cualquier espectador, pero que sacaría canas a los técnicos más puntillosos. El partido fue una locura y el entrenador del Sporting entiende que «se ha decidido por el lado del Atleti como podía haber sido al revés». Lo cierto es que hubo multitud de remates en las dos porterías y que el Sporting mereció un poco de mejor suerte.
«Creo que nosotros hemos propuesto una hora muy buena de juego», defiendo Manuel Preciado con un deje de orgullo. El Sporting dejó un buen sabor de boca en la capital del reino y su entrenador sabe que estos partidos siempre tienen una mayor repercusión. Lo que más duele es claramente la forma en que se consumó la derrota. «En la jugada previa al segundo gol del Atleti rematamos tres veces en el área pequeña y no la hemos metido», lamenta. Preciado reconoce que no tiene buen sabor de boca con este resultado: «Me voy con una sensación rara, porque creo que hemos podido sacar algo más».
La gran diferencia entre el Sporting y el Atlético de Madrid fue anoche la eficacia colchonera. «En la primera parte nos hicieron un tiro y medio entre los tres palos», repasa Preciado, que tira del hilo para concluir que «no creo que hayamos merecido tanto castigo». Con mucho menos, los de Quique Sánchez Flores fueron siempre por delante en el marcador. «Es lo que hay: ellos son un grande y nosotros somos un club pequeño», resume Preciado. El técnico repasa la nómina intimidatoria de delanteros atléticos y alerta de que «en una semana han hecho doce goles».
No falta quien le recrimina a Preciado que el Sporting sucumbió por un exceso de ambición, cuando tenía un punto que podía haber sabido a gloria. «Yo prefiero esto», defiende el técnico y recuerda que «ya avisé que veníamos a intentar ganar al Atleti e incluso con el uno a uno, creo que la salida del segundo tiempo estaba bastante más vencida a nuestro lado». La conclusión es doble: «Aquí hay que matar, no vale amagar, pero para nada hemos sido peores».