VÍCTOR RIVERA
Al Atlético de Madrid le sobra lo que le falta al Sporting. Los colchoneros tienen una pegada brutal y necesitan hacer muy poco para marcar. Anoche llevaban ya tres goles en sus cuatro primeros disparos a puerta. Todo lo contrario que el Sporting. El equipo de Preciado dejó una hora de buen fútbol en la que dominó a su rival y llegó con frecuencia al área local, pero sus aproximaciones se quedan casi siempre en nada. Asenjo pasó prácticamente desapercibido, hasta que arrolló a Diego Castro y facilitó el empate del Sporting en una jugada absurda.
El Sporting tiene un problema grave con el gol. Sus dos delanteros suman cuatro tantos (tres Bilic y uno Barral, que es quien ha disfrutado de más minutos), Diego Castro, un interior izquierdo, es el máximo artillero del equipo con seis dianas. Quizá la prioridad para el mercado de invierno, sin descuidar el recambio de Míchel, debiera ser un ariete que rentabilizase las numerosas ocasiones que es capaz de generar este equipo.
Curiosamente, el Sporting de Preciado fue derrotado anoche con su arma preferida. El Atlético de Madrid dejó el campo y el balón a los asturianos, se agazapó en su parcela intentando no sufrir demasiados arañazos y salió a la contra con una velocidad y una eficacia que desarbolaron la endeble zaga sportinguista. Luego, después de que Ibrahima, esa fuerza desatada, sentenciase el choque, el Sporting se entregó sin condiciones y la última media hora fue una verdadera agonía para una Mareona que nuevamente se dejó sentir en las gradas del Vicente Calderón.
En esos treinta minutos, la goleada pudo ser escandalosa. No hubiera sido justo para un equipo que fue valiente y que propuso un fútbol ofensivo y descarado que durante muchos minutos dio la sensación de que podría bastarle para regresar a Gijón con tres puntos de dulce en su casillero.