Arriondas, Mario D. BRAÑA
¿Hay algo peor para un deportista que no conseguir la clasificación olímpica? Javier Hernanz puede responder que sí con conocimiento de causa. Porque el parragués, junto a su compañero Diego Cosgaya, se había ganado en el agua una plaza para Pekín 2008, donde hubiesen acudido con el podio entre ceja y ceja. Pero la reglamentación obligaba a la Federación Española a elegir entre el K-2 1.000 de Hernanz-Cosgaya y el 500 de Saúl Craviotto y Carlos Pérez Rial, también clasificado. Dos meses después, desde Asturias, Hernanz veía cómo sus compañeros y rivales se colgaban la medalla de oro. El oro que pudo ser suyo.
En el momento de caer eliminado en los Juegos de Atenas 2004, en semifinales, Javi Hernanz activó su particular «flashforward». Avanzó su contador vital cuatro años, para afrontar el mayor reto de su carrera. Todo lo del medio, los campeonatos de España, de Europa y del mundo, debían de ser un simple paréntesis en su obsesión olímpica. Una hoja de ruta que ni siquiera se alteró cuando cambió de compañero en mitad del ciclo. «Perdimos un poco la ilusión por el K-2», dice sobre su final con Pablo Baños y el inicio del trabajo con el palentino Diego Cosgaya, en 2007.
La pareja funcionó tan bien que en pocos meses se codeaba con las mejores del mundo. Llegaron al Europeo de Milán, donde se jugaban la clasificación para Pekín, sobrados. Hasta tal punto que a Hernanz le pareció poco la medalla de plata. «Teníamos que haber sido campeones de Europa porque éramos los que más andábamos», dice sobre una competición que, sobre todo, valía por un billete olímpico. A la hora de la verdad, ni eso, aunque Hernanz siempre confió en que serían los elegidos.
«Teníamos opciones claras a medalla en las dos distancias, mientras que ellos sólo podían hacer el 500», explica el asturiano, que amplía su argumentación: «Fue un palo muy gordo ver la final de 1.000 porque a los tres que se subieron al podio los habíamos ganado nosotros. Teníamos el oro a nuestro alcance y en 500 metros podíamos haber optado al bronce. Lo primero que pensé es que me había quedado sin la medalla de mi vida». Todo eso no le impidió alegrarse por Saúl y Perucho: «Hicieron una final impresionante, me encantó. Disfruté con su triunfo porque, a fin de cuentas, son compañeros y formamos un grupo muy bueno de entrenamiento. Sé diferenciar lo que es el deporte de la amistad, aunque a veces cuesta».
El caso es que, de momento, Hernanz tiene que conformarse con su experiencia olímpica en Atenas, que le llegó casi por sorpresa. «Tanto Pablo (Baños) como yo apenas habíamos competido internacionalmente en K-2 1.000. Por eso fuimos al Europeo de Polonia muy tranquilos, como si fuéramos a bajar el Piloña-Sella», recuerda Javi Hernanz, que a la hora de la verdad le pareció poco el segundo puesto: «Planteamos la final para ganar porque teníamos el mejor tiempo de las semifinales. Pasamos primeros por el 500, pero después nos pasaron los daneses».
En los dos meses siguientes, aquel jovencísimo K-2 afinó la forma para llegar en buenas condiciones a la cita griega. Con un solo contratiempo, al hacerse público el positivo de Jovino González: «Fue un varapalo para todos porque Jovino era como el capitán. Estuvimos una semana y pico sin entrenar bien. En ese tiempo, Pablo y yo teníamos que haber mejorado un par de segundos. Quizá los que nos faltaron para entrar en la final de los Juegos».
Javi Hernanz recuerda aquella semifinal como «el primer palo de mi vida deportiva», pero admite que «no estábamos muy bien de forma. Además, planteamos mal la regata, salimos un poco de lado y nunca cogimos el ritmo». Ni siquiera le quedó el consuelo de lo que tenía por delante: «En Grecia, todo el mundo nos decía que nos quedaban dos Juegos Olímpicos. Pero está claro que, a veces, en la vida el ten sólo pasa una vez».
Una reflexión que se hizo real con lo que vivió en los momentos previos a Pekín. Y que espera dejar sin validez dentro en la próxima edición de los Juegos. «Llegaré a Londres con 29 años, una edad ideal en este deporte. Intentaré mejorar física y técnicamente para llegar al cien por ciento y buscar la medalla», recalca Hernanz, que a mitad del ciclo olímpico está centrado en el K-1 1.000.
En Londres, entre otras cosas, espera volver a vivir las sensaciones que experimentó en Atenas: «Estuve un par de días en la villa olímpica y me impresionó. Aquello es otro mundo, una maravilla». Además de empaparse del ambiente del mayor acontecimiento del deporte, Hernanz se dio un homenaje: «Venía de cuidar mucho la alimentación y me encontré con un McDonald's gratuito. En un momento, me zampé seis hamburguesas».
Javier Hernanz Agüera
Nació el 1 de febrero de 1983 en Arriondas. Empezó a practicar piragüismo con siete años en el Club Los Rápidos-Arias de Arriondas. En 2001, en el campeonato del mundo sub-21, logró la plata en K-4 1.000 y el bronce en K-1 1.000. En 2003, segundo en el Mundial de maratón, en K-2, con Manuel Busto. En 2004, plata en el Europeo, en K-2 1.000 con Pablo Baños. Y semifinalistas en los Juegos Olímpicos de Atenas. En 2005, oro en los Juegos Mediterráneos de Almería, en K-2 1.000, y diploma (octavos) en el Mundial de Zagreb. En 2006, bronce en el Europeo, en K-2 1.000. En 2007, diploma (séptimos) en el Campeonato de Europa. En 2008, subcampeón de Europa en K-2 1.000 con Diego Cosgaya. En 2009, diploma (octavo) en K-1 1.000 en el Mundial de Canadá; y diploma (cuarto) en los Juegos del Mediterráneo. Actualmente pertenece al Grupo Covadonga.