Oviedo / Gijón,
Mario D. BRAÑA
Cuando el fútbol enloquece pasan cosas que la razón no alcanza a comprender. El frustrado fichaje de Michu por el Sporting ha traspasado el ámbito futbolístico para convertirse en un caso digno de estudio desde la perspectiva sociológica, económica e incluso judicial. Un asunto en el que se han mezclado sentimientos, intereses, engaños y rivalidades, ingredientes todos ellos agitados en la coctelera mediática. El resultado, inaudito en un ámbito tan superprofesionalizado como el fútbol, es que el Sporting se ha quedado sin un jugador interesante, y Michu, sin la oportunidad de dar un gran salto en su carrera deportiva. El futbolista ovetense, formado en la cantera del Oviedo y actualmente en el Celta, rechazó una oferta del Sporting que ascendía a unos dos millones y medio de euros por cuatro temporadas y media -el triple de lo que cobraba-. Un economista, un psicólogo deportivo, un catedrático de Economía y un ex futbolista dan su opinión para LA NUEVA ESPAÑA sobre el caso.
Plácido Rodríguez Guerrero, ex presidente del Sporting y catedrático de Economía, a falta de una información más completa, pone el acento en los factores externos que han condicionado la decisión de Michu. «Si ha habido presiones o amenazas, el jugador debería denunciarlas», expone con rotundidad Rodríguez Guerrero. «Si esto sigue así, cualquier mindundi puede considerarse con derecho a decidir por un futbolista o por un club».
«Espero, por el bien del jugador, que no haya sido ésa la razón de su negativa, porque demostraría falta de personalidad», opina el economista, que añade: «Parece que en los últimos tiempos hay una cierta impunidad en el fútbol. Cualquiera puede hacerse famoso sin tener ningún mérito. Por ejemplo, el brujo que decía que podía lesionar a Cristiano Ronaldo. O los ultras, que, al parecer, han presionado a Michu para que no se fuese al Sporting».
Según Plácido Rodríguez, «todo esto me parece materia penal. Causar daño a sabiendas es un delito, y las amenazas, lo mismo. En el caso de Michu el fiscal podría investigar las llamadas o los mensajes telefónicos, o los que le llegaron por correo electrónico». Y aboga por «poner coto» a los grupos violentos con penas de cárcel o multas como las propuestas por la Comisión Antiviolencia a los ultras del Sporting y el Sevilla que se enfrentaron en Gijón.
Rodríguez Guerrero no se cree que Michu tuviese clara la negativa al Sporting: «Si su familia acepta una negociación es porque piensa que puede llegar a un acuerdo». Le cuesta imaginar un caso semejante en su época de presidente del Sporting (1989-92), porque «el fútbol está mucho más profesionalizado que hace veinte años. Y, además, ha habido un montón de casos de jugadores que han estado en los dos equipos. No me parecería mal, aunque no me imagino a Luis Enrique con la camiseta del Oviedo. Quizá porque sé cómo es Luis Enrique. No sé cómo es Michu».
Roberto Díaz, psicólogo deportivo, prefiere elucubrar sobre lo que le ha pasado por la cabeza a Michu: «Supongo que el jugador no ha dado el paso porque, con todo ese ambiente en contra, tendría miedo a ser incapaz de rendir, de dar el cien por ciento de forma natural, como lo ha hecho en el Oviedo y en el Celta». Y añade que, «por lo poco que puedo conocer de Michu, quizá todo esto le podría pasar factura. Es un chaval que siente mucho las cosas, lo que le impediría jugar suelto y despejado».
Díaz, que trabajó en su momento con los integrantes de la mejor trainera de España, en Orio, vivió un caso parecido: «Un remero que era un poco el símbolo del equipo recibió una oferta de Castro Urdiales, el rival acérrimo de Orio. La aceptó y a la gente del pueblo le costó aceptarlo». Por eso califica el desenlace del «caso Michu» como «una excepción. Todos sabemos lo que ocurrió con Figo, el Barcelona y el Madrid, o con Fernando Alonso, McLaren y Ferrari».
Si Michu se hubiese vestido de rojiblanco, Roberto Díaz tiene clara la forma de ayudarle. «Habría que trabajar para que se centre en el fútbol y quitarle de la mente todo lo demás: pitos, voces, ideas negativas, factores que generan ansiedad y que influirían en su rendimiento».
Marino Pérez, catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo, futbolero, también trata de buscar una explicación a lo ocurrido con Michu: «Es extraño que el dinero, una oferta tan interesante, no haya liquidado los sentimientos. Quizás el jugador haya estado sometido a demasiada presión, que se escapa a observadores externos. Es posible también que para él fichar por el Sporting supusiera una disonancia, una contradicción dentro de su posición social».
Según Pérez, tampoco debería sorprender tanto que la decisión de un profesional «se imponga sobre las ventajas materiales. A veces a esas personas se las llama tercas y necias, pero también se las podría tildar de consecuentes».
«Es un comportamiento que resulta disonante o llamativo respecto a lo que rige en el fútbol», añade el catedrático, que no ve paralelismo con la huida de Figo del Barcelona al Madrid: «Figo estaba fuera de cualquier arraigo. Era un mercenario, en el buen sentido, ya que prestaba sus servicios al mejor postor. En Michu no sólo pesaron aspectos profesionales, sino de vinculación a Oviedo, o algo que se nos escapa, como la opinión de su novia o de alguien cercano».
Pérez observa con curiosidad y preocupación el fenómeno ultra: «Los radicales del Oviedo y el Sporting se suman a la misma dirección y tienen una influencia muy grande. No sólo por la amenaza o el miedo que podría sentir Michu, sino por lo que supondría de contradicción personal, que continuamente le estuvieran recordando que era un traidor».
El ex futbolista Ricardo Bango, gijonés de nacimiento, nunca tuvo que afrontar el dilema de Michu cuando tuvo la oportunidad de fichar por el Oviedo y el Sporting. «Nunca me sentí presionado por haber jugado en un lado u otro», señaló, por lo que le cuesta entender todo lo ocurrido: «No estoy muy al corriente, pero hay algo que no me cuadra, porque tengo 41 años y nunca he visto ningún caso similar. Negarse a jugar en un club de superior categoría y en el que iba a ganar más del doble, y en un país occidental, donde nunca estaría en peligro su seguridad». Bango prefiere centrarse en lo puramente deportivo y expresa un deseo: «Que los mejores jugadores asturianos jueguen en nuestros clubes».