RAMIRO FERNÁNDEZ ALONSO
PSICOESTETA
El fallido fichaje de Michu por el Sporting de Gijón no dejaría de ser una noticia más si no fuera porque tras esa negativa se encuentra cierta presión de los violentos. Desconozco si la decisión del futbolista se debe exclusivamente a factores deportivos, pero rechazar una oferta como la que le presentó el Sporting no parece muy lógico. Esto supone retrasar su llegada a Primera División, pero, sobre todo, a seguir creciendo futbolísticamente, porque la puerta que hoy le había abierto el Sporting podía ser el portón de mejores y mayores clubes.
Aquellos que supuestamente han amenazado a Michu que no se engañen. Si hubiesen nacido en otra ciudad serían del equipo de esa localidad, no del Real Oviedo. Si otra empresa les llamase para irse a un puesto mejor, les faltaría tiempo para despedirse de su jefe y compañeros. Sin embargo, por una extraña cerrazón, niegan la oportunidad a alguien al que aprecian y cuyo juego no afectaría al Real Oviedo. Todo porque el beneficiado sería el Sporting de Gijón. ¿Estamos seguros de que mantener esta rivalidad entre los dos equipos es positiva para el fútbol? Casos como el de Michu deberían alertarnos de que algo no está yendo como debería ir en nuestro fútbol.
Los empresarios buscamos implicación profesional en los trabajadores que contratamos, pero también somos conscientes de que los empleados son personas con ambiciones propias que no pueden, ni deben, estar sujetos a la voluntad del jefe o de sus clientes. A los profesionales hay que dejarles crecer, porque así sí que salimos ganando todos.
Mi oviedismo está fuera de toda duda, también mi sportinguismo. Soy un apasionado del fútbol y creo que cerrarse en banda deseando el mal a terceros equipos no contribuye, para nada, al juego limpio que se pregona. ¿Qué ha ganado el oviedismo oponiéndose al fichaje de Michu? Creo que nada, salvo la oportunidad de tener en Asturias a un jugador de aquí, con ganas de estar entre los suyos y de crecer en un deporte tan competitivo como el fútbol.
Una cosa es que algunos de nuestros muchachos marchen fuera, porque aquí no hay nada mejor, y otra que cuando por fin logramos tener un equipo en Primera les neguemos el regreso por una mal entendida fidelidad a unos colores. ¡Qué lástima!