Oviedo, Álvaro FAES
Faltaban quince para el final en Zorrilla y Mendilíbar sacó al campo a Pelé. Hacía un rato que el Barça ganaba 0-3 y quizá ni siquiera Edson Arantes do Nascimento habría podido arreglarlo. Pero el chaval se llama Vítor Hugo Gomes Paços y no llega a brasileño, se queda en portugués. Se colocó al lado de Cannobio, caído hacia la banda, y dejó pasar el cuarto de hora sin hacerse notar. Era el sobrante de una noche resuelta muchos minutos antes, con un hombre por encima del resto. En el fútbol entre amigos, solteros contra casados, jóvenes contra viejos... al peor del equipo lo ponen de lateral derecho, donde menos estorba. En Zorrilla hubo uno, brasileño-brasileño, que hizo de su posición, muchas veces irrelevante, la atalaya para dirigir la victoria del Barcelona. Dani Alves entregó el primer gol a Xavi, convirtió un mal centro en el segundo y enseñó a Ibrahimovic el camino para que el sueco facilitara el tercero a Messi. El argentino, por cierto, se adelanta por un tanto a Villa en la pelea por el «Pichichi».
Termina la primera vuelta y el Barça tiene aún el cero en el casillero de derrotas. Marca histórica que nunca había logrado, sólo cuatro (Athletic, Real Sociedad, Espanyol y Madrid) lo hicieron antes. El Valladolid era el último obstáculo para alcanzar el hito y el equipo de Mendilíbar se lo tomó en serio. Presionó muy arriba, confiando en que Keita podría dudar en las tareas de medio centro.
Pero el Barça ya tenía en la mano el guión de las victorias y Víctor Valdés se sabía su papel de carrerilla. Tuvo que esforzarse ante Diego Costa para dar tiempo a que sus compañeros tomasen las distancias a la presión pucelana. No necesitaron demasiado. Los de siempre, Xavi e Iniesta, combinaron en el centro del campo. El catalán se la tiró larga a Alves y corrió hacia el área. Al centro perfecto del brasileño correspondió con una volea no menos certera. 0-1. Al minuto siguiente, cerrojo al partido con el gol de Alves desde el mismo sitio que se la había puesto a Xavi, pero esta vez, directo a la red. Partido cerrado.
Ya no importó que Valdés tuviera guardadas otras dos paradas de las buenas -a Borja y a Diego Costa- ni que el Barcelona no contase con Henry ni Ibrahimovic. El uno por huelga de brazos caídos -rota sólo por los servicios mínimos de una chilena de manual- y el sueco porque resulta que hace semanas que no marca y vive esa ansiedad de la que hablan los delanteros cuando no les salen las cosas.
Daba igual. El trabajo estaba hecho. Messi marcó el tercero (a pase de Ibra) y ni siquiera Pelé pudo darle la vuelta al partido.