JUAN J. ALONSO
Líderes invictos de la Liga después de la primera vuelta. No está mal, para un equipo en decadencia. Ya sé que muchos están deseando la caída del Barça, pero los bárbaros todavía no están a las puertas del Camp Nou, Guardiola cuenta con el apoyo del Senado y el pueblo azulgrana y, sobre todo, el equipo funciona con la eficacia de una legión romana. En «La caída del Imperio romano», la estupenda película de Anthony Mann, se dice que la caída de Roma no tuvo una causa, sino muchas, y que esa caída fue un extraordinario proceso que duró trescientos años. Más que con el rigor histórico de esta afirmación, debemos quedarnos con su rigor futbolístico: no sólo la caída del Barça (es imposible superar las seis Copas conquistadas) parece que va a durar trescientas temporadas, para desgracia de Alarico, Florentino y compañía, sino que, al igual que muchas naciones han durado menos de lo que Roma tardó en caer, muchos equipos han durado menos de lo que el Barça tardará en caer. Y no quiero dar nombres galácticos.
La época de máxima extensión del poder azulgrana ya ha pasado, luego estamos en decadencia. Vale. Pero hay decadencias y decadencias. Este Barça decadente que, tras ser eliminado de la Copa del Rey por el Sevilla, ya no podrá ganar todos los títulos, sigue defendiendo sus fronteras en Germania a las órdenes de Marco Aurelio disfrazado de Guardiola. Germania o Valladolid, da lo mismo. Es en estadios como Nuevo Zorrilla o, el próximo fin de semana, El Molinón donde el Barça tiene que defender la supervivencia de su benévolo Imperio, así que hace bien Marco Aurelio Guardiola en mantener concentradas y frescas a sus legiones. Y también hace bien Guardiola en cuidar a las tropas auxiliares (Milito, Chygrynskiy, Bojan, Pedrito), porque los veteranos no pueden luchar en todas las batallas, y es posible que pronto curtidos generales como Henry quieran retirarse a sus posesiones en la Galia.
En Germania, el Barça vence exprimiendo la conexión Bojan-Messi (como en Tenerife) o las imparables arrancadas de Alves. En el Nuevo Zorrilla, el Barça mantuvo sus fronteras gracias a un lateral derecho inmortal, un Xavi exacto y un portero capaz de sacar de quicio al germano más convencido de su fuerza. Valdés hace que la decadencia azulgrana se siga rigiendo más por la razón que por la necesidad. Así, esta Roma decadente sigue viendo a los bárbaros por el retrovisor y sigue ganando batallas en los bosques de Germania. Ánimo, Alarico. Sólo te quedan trescientos años.