Al principio, Rivera intentó plantar cara con su habitual despliegue físico, pero tanta actividad acabó restándole precisión. Las dificultades del Sporting para combinar fueron tan notorias que Luis Morán y Diego Castro siempre recibieron el balón con todos los caminos cerrados. El envío en largo para Barral volvió a convertirse en el único recurso sportinguista, demasiado evidente para sorprender a centrales con el oficio de Torrejón y Henrique. El único remate de Barral en el primer tiempo fue una media vuelta que se le marchó alta.
Mientras, el Racing tuvo oportunidades de todos los colores. Casi siempre de llegadas por la derecha, donde rompía Toni Moral. La defensa del Sporting, peor acompasada que otras veces, concedió dos mano a mano de Tchité, que no encontró puerta. Sobre la media hora, Geijo tomó el relevo con más puntería. Primero cabeceó bombeado sobre Juan Pablo y Gregory llegó a tiempo de salvar bajo los palos. Y cerca del descanso se encontró con un balón en el área pequeña imposible de fallar. Controló con el pecho un centro de Tchité y empalmó al fondo de la red.
El Sporting recibió muy al final el justo castigo a su mal primer tiempo. En el descanso, Preciado refrendó la confianza en sus jugadores, que intentaron resarcirse. El Racing, conformista y quizá cansado, dio un paso atrás. Pudo pagarlo caro porque el Sporting tiene gente en el último tercio del campo para desequilibrar. Como Diego Castro, que le puso un balón de gol a Barral. O De las Cuevas, al que le faltó confianza para acabar la jugada en la que ganó la espalda a la última línea racinguista. A partir de ahí, consumida la hora de juego, Preciado creyó llegado el momento de tomar decisiones.
En un momento tan delicado, Preciado le dio la alternativa a Portilla, que le respondió con creces. El chaval asumió la responsabilidad de jugar el balón y ejecutó las acciones de estrategia con maestría. El destino, o su capacidad para intuir la jugada, le tenía reservada la gran oportunidad de aminorar los daños. Sorprendió con una llegada al área para rematar sobre la marcha un centro de Luis Morán. Estaba tan cerca y tan solo que con tocar el balón debería de ser gol. Pero, en un gesto instintivo, Coltorti estiró el brazo y desvió la pelota lo justo para evitar lo inevitable.
A esas alturas, el Sporting jugaba con dos arietes y sin lateral izquierdo. Preciado se había tirado al monte retirando a Canella para reforzar el ataque con Bilic. Con eso aumentó los recursos atacantes, a costa de dejar a Juan Pablo expuesto a las contras del Racing, que ya contaba con Canales y Munitis. El chaval dejó apuntes de su calidad y el capitán de su veteranía, pero no fueron capaces de rematar la faena. Lora, Botía y Gregory se multiplicaron para tapar los enormes huecos de la nueva disposición.
Con más corazón que fútbol, el Sporting siguió intentándolo hasta el final, incluidos los cinco minutos de descuento que el Racing jugó en inferioridad numérica. Antes, Luis Morán había desperdiciado la jugada mejor llevada de todo el partido, cuando Diego Castro zascandileó buscando a Carmelo, que dejó pasar el balón para la llegada de Morán. El luanquín remató con decisión, como una semana antes en Madrid, pero el balón salió rozando el poste. Una prueba más de lo le cuesta enero al Sporting.