EDUARDO GALÁN
Un pequeño test previo. En julio de 2006, cuando usted se enteró del fichaje de Van Nistelrooy, dijo: a) «El Manchester nos ha colocado a un viejuno de segundo de Ronaldo. Puñetero Calderón: jamás debió salir de Palencia»; b) «No me importa, a mí sólo me interesa mi equipo, el Barça. Este año con Rijkaard, Ronaldinho y Eto'o, ¡cae otra liga fijo!»; c) «¿Cómo se pronuncia Nistelrooy? Da igual. Aquí, en Villanueva del Trabuco, pa no lianos, le llamaremos «Van Gol»; d) «Ni idea. Prefiero mover el cucú con «Lo que pasó, pasó», de Daddy Yanke y ver ¡Murcia, ¡qué hermosa eres! en la tele»; e) «Cuando Van Nistelrooy abandone el Madrid, llevará un total de 64 goles en 97 partidos (una media de 0,66 goles por encuentro), nos habrá ayudado a ganar dos Ligas y una Supercopa, y habrá conseguido el "Pichichi" en su primera temporada en España». Todos aquellos que hayan marcado la opción «e», ruego contacten con LA NUEVA ESPAÑA: les regalaré un ejemplar firmado (por mí) de «Blessed», la autobiografía de George Best, mi modelo a seguir en la vida. Ah, y si marcan la «d», llámenme también: una murciana estrábica y yo somos los únicos fans de Daddy Yanke en España.
Vamos a ponernos (serios). Si se fijan en la cantidad y en la diversidad de opciones del test anterior, una cosa queda clara: no sabíamos qué iba a ocurrir con Van Nistelrooy. Fuese cual fuese su opinión en esos días, olvídense. Con el holandés estábamos tan equivocados como aquel «gremlin» blaugrana que trató de achantarme ese mismo verano diciendo «hemos fichado a Zambrotta, el mejor lateral de Europa». Pobre hombre. VN ha simbolizado en el Madrid el arquetipo del anti-héroe. A pesar de que aterrizó con unas credenciales impresionantes de Manchester (y gracias a dos conflictos: con Ferguson y con nuestro poligonero favorito), de Van Nistelrooy se esperaba un paso mediocre de secundario. Hoy los números y las emociones que deja atrás aúllan lo contrario. Ruud es un héroe con habitación en el Olimpo blanco. Justo en un momento que necesitamos más que nunca un killer, la elección perfecta sería clonar un VN de veinticinco tacos. Él nos hizo ganar la Liga imposible de Capello (joder, cómo gritábamos esa tarde); él ha sido un profesional impecable; a él, en su marcha a Hamburgo, le dedicamos estos versos de Dylan de «Forever young»: «Ojalá que tus deseos se cumplan / y ojalá seas siempre joven».