Lo políticamente correcto es contar que quedan todavía muchas jornadas y que la derrota de ayer en Alcorcón no fulmina, sino que complica las aspiraciones del Oviedo a ganar esta Liga. Así se manifestaba Fermín tras el partido. Claro, refugiado en las matemáticas, cualquier pronóstico es irrebatible. Pero vayamos a lo real, a las sensaciones. El partido de ayer dejó varias: primero que el Oviedo no fue inferior al Alcorcón -tampoco superior-, segundo que el resultado no empaña la imagen aceptable del conjunto azul y tercero, y más importante, que hoy el oviedismo da por perdida la opción de ser campeón de esta Liga. ¿Por qué? Porque ayer era el «día D» para poner definitivamente sobre la mesa su candidatura al título y el asunto acabó en un doloroso revolcón. Las miras se ciernen ahora -¿y siempre?- sobre la liguilla, posibilidad no sólo obligatoria para los azules, sino que factible de más, teniendo en cuenta los constantes bandazos de sus rivales directos.
Asumido, pues, el trasfondo del encuentro de ayer, conviene no perder la perspectiva: salvo el triunfo en el Cerro del Espino frente al Atlético de Madrid, el Oviedo fue a Guadalajara y perdió 2-0, fue a Las Palmas y perdió 3-0 y ayer se trajo de Alcorcón otra nueva decepción. Demasiados escalofríos como para pensar, con permiso, en el cruce de liguilla. Eso sí, cayó con personalidad y con algo de infortunio ante un gran rival, un líder solvente y bien trabajado, excelente en todas las líneas. Infortunio porque al patatal de césped se unieron dos goles en contra con noventa minutos de diferencia: uno en el 4 y otro en el 94, con todo el lastre psicológico que ello supone.
Los locales se adelantaron en su primera llegada. David Sanz cabeceó solo ¡en el área pequeña! un centro del interesante Ernesto. A pesar de eso, dominó el Oviedo la primera parte con claridad, desafiando a las arenas movedizas en que se había convertido el césped y tratando de llegar a partir de la combinación. Con un ritmo intensísimo y colgados del mejor Iván Ania de la temporada, los azules pisaron a fondo en veinte minutos arrolladores en los que pudieron empatar en dos trallazos de Xavi Moré y el propio Ania, ambos repelidos por un acertado Juanma. Y, la más clara, un mano a mano que Javi Barral que no supo definir. Fue el mejor momento de los asturianos, que sólo cojeaban por la derecha, donde Rubén González, amonestado pronto, se ganaba la expulsión en cada jugada. Tanto que fue sustituido a la media hora.
El buen despliegue del Oviedo en el primer acto se fue al traste en un segundo tiempo más igualado y en el que la chicha la puso el Alcorcón con varias llegadas claras, consecuencia de la adelantada defensa azul. Los asturianos variaron y tiraron de fútbol directo. ¿Resultado? Sólo un disparo entre los tres palos en una chilena de Rayco. Llegaron nítidamente al final en una internada que Jandro no logró finalizar, pero nada más. Hubo mucha pelea en el medio y poca presencia en las áreas. El resto llevó todo firma del Alcorcón, incluido un gol anulado a Ernesto por fuera de juego. Dos claras de David que solventó Aulestia y el postrero tanto a placer de Bravo dejaron la función vista para sentencia.