Pedro RAMOS
Volvió el Cristiano Ronaldo de las dos caras. El capaz de lo mejor y lo peor. Dos fogonazos del portugués frente al Málaga permitieron al Real Madrid alcanzar el pleno de victorias en el Santiago Bernabeu en la conclusión de la primera vuelta de la Liga. Diez de diez. Pero también una fea acción en un contraataque al propinar un codazo a un rival mientras éste le estaba agarrando, llevó al astro madridista a la expulsión, su segunda roja en lo que va de Liga. La otra vez que fue expulsado fue por doble amarilla ante el Almería, y también por una agresión -una patada en aquella ocasión- a un contrario ante la reiteración de faltas que había sufrido. Con la ventaja de los dos goles de Ronaldo, y la inferioridad numérica en los últimos 20 minutos, el Madrid se limitó a evitar más sobresaltos.
La expulsión de Ronaldo, primera por roja directa en España, fue el lunar de un partido que al Madrid le costó tiempo romper. Cuando peor lo estaba pasando el equipo madridista, con las gradas del Bernabeu mostrando su impaciencia con algunos silbidos y gritos de desaprobación, surgió el Cristiano Ronaldo colosal para poner fin a su sequía particular -no había anotado en 2010- y sentenciar el partido. El astro portugués sólo necesitó tres minutos para encontrar luz por dos veces en medio de la ordenada y aplicada defensa del Málaga. La primera, en una combinación soñada desde inicios de Liga cuando Florentino Pérez puso al servicio del madridismo al llamado tridente ofensivo: Benzema, Kaká y Ronaldo. Fue el francés el que, tras recibir de Guti, tocó rápido para el brasileño y éste, también al primer toque, para un Cristiano Ronaldo que fusiló desde el centro del área.
Una vez derribada la defensa numantina del conjunto malacitano fue todo más fácil, máxime cuando de nuevo el portugués lanzó un obús desde la media luna que Munúa no pudo atajar. Incluso antes del intermedio pudo completar su «hat-trick» particular en un lanzamiento directo de una falta en la que, esta vez sí, el portero del equipo malagueño estuvo acertado en el despeje.
Antes de la explosión goleadora del portugués, el Madrid pasó por dos fases diferenciadas. Una primera en la que, tras un susto inicial por un mal despeje de cabeza de Xabi Alonso que dio en el larguero (minuto 7), los blancos fueron dominadores, llevando la iniciativa y cierto aire de peligro, pero sin remate. Y una segunda fase en la que el Málaga, viendo que el león no era tan fiero como lo pintaban, aprovechó el desconcierto para rondar la portería de Casillas, lo que terminó por desesperar a una grada que abroncó a los suyos.
Hasta Pellegrini, habitualmente tranquilo en el banquillo, salió para aclarar las ideas de sus jugadores. Y pareció surgir efecto porque en dos jugadas de tiralíneas, ambas diseñadas por un Guti que recuperó la titularidad, el Real Madrid ventiló al Málaga.
Con el descanso la impresión era que el partido estaba resuelto, máxime teniendo en cuenta los precedentes de esta temporada en el Bernabeu, de donde nadie ha sido capaz siquiera de arañar un punto.
Y, en efecto, así fue. Incluso Sergio Ramos, en los primeros compases, pudo ampliar la cuenta con un gol que le fue anulado por fuera de juego. Este acción sirvió para cortar cualquier atisbo de reacción de un Málaga que se limitó a dejar pasar los minutos sin inquietar.
En el bando madridista se había producido un reajuste defensivo por el cambio de Garay, con molestias en los isquiotibiales. Ramos pasó al centro, Arbeloa a la derecha y Marcelo entró en la izquierda. De medio campo hacia arriba, sólo Cristiano Ronaldo evidenciaba hambre de gol. Quería más. Luchaba por todos los balones. Sólo así se explica que en una acción en la que arrancaba al contraataque desde el campo propio soltara el brazo ante el agarrón de Mtiliga, que no tenía otra forma de pararlo. El malaguista acabó sustituido, tras salir del incidente con la nariz rota, por lo que estará al menos tres semanas de baja, y el portugués, expulsado por agresión.