Empezaré por el final. ¡Hala Oviedo! A por el ascenso a Segunda División, con el apoyo unánime de la afición. Pero al Real Oviedo, no al consejo de administración, pues no son, ni de largo, lo mismo. Remar todos en la misma dirección, sí, pero en la dirección correcta, no contra los acantilados.
Las cosas empiezan a aclararse. Ya sabemos dónde estaba y de dónde salió el secretario no consejero del consejo de administración del Real Oviedo. Mientras alguno de sus colegas de consejo se entretenían en hacer desaparecer el Balonmano Naranco, él asistía a las becerradas de la plaza de toros a empaparse de las singularidades de la fiesta nacional.
Cierto es que nos ha dejado un montón de «perlas» que haría necesario disponer del periódico entero para poder contestarlas. Seguramente se enteró de que en la Universidad de Sevilla pretendía que se puede copiar en los exámenes, y eso ha hecho. Utilizar chuletas en el examen, y el resto escribió lo que sus compañeros de examen le dictaron.
En lo que se refiere a los números, habrá que perdonarle, es de letras, no de ciencias, y, obviamente, es fácil de entender que entre Bill Gates y yo tenemos una de las fortunas mayores del mundo. Recogí un equipo con una deuda de más de treinta y seis millones de euros y lo dejé con menos de quince. De eso el señor letrado no sabe nada. No me extraña, pues a la vista de los detalles cronológicos aportados, desde septiembre de 2003 a febrero de 2005 no ha pasado nada. Curiosamente, desde que el actual consejo de administración ha tomado posesión, hasta el reciente ascenso a Segunda B tampoco ha pasado nada (que se diga).
De mi condición de testaferro, fiduciario de Celso González, nada voy a añadir. Ya he dicho bastante y quienes han vivido de cerca mis tres años al frente del Real Oviedo podrán dar mayor y mejor testimonio de en qué, por quién, he estado trabajando todo este tiempo. Tendré que agradecerle esta vez que al menos no haya escrito lo que desde ese consejo de administración se ha venido repetido machaconamente y en voz baja, para que todo el mundo se entere: los muchos millones de pesetas (?), euros (?) que don Celso me ha pagado por los servicios prestados. Será por esa razón por la que no me cree usted gracioso. Tiene razón, no lo soy. Al menos, en cosas tan serias como nuestro Real Oviedo (nuestro, de la afición y mío). Sin embargo, sin gracia alguna, sí tengo por costumbre dar la cara. La he dado cuando en junio de 2002 me presenté ante los accionistas afirmando representar las acciones de don Celso González y aclarando que yo no iba a defender más intereses que los del Real Oviedo. Si me creían, asumiría la presidencia del club. Si no, me iría. El resultado puede usted verlo en las actas correspondientes. La he vuelto a dar en el descenso a Segunda B, la he vuelto a dar al descender a Tercera División por causas económicas (y no recibir las ayudas que a ustedes les sobran). Y por si existía alguna duda, la di en una convocatoria pública ante todos los aficionados en el propio Carlos Tartiere para responder de mis actos y decisiones, así como sus consecuencias. Finalmente, por no extenderme más, la he vuelto a dar ante toda la afición bajando al campo tras el fracasado ascenso en el partido contra el Arteixo. Nunca me he situado tras los cristales tintados de un palco privado. Todo eso me imagino habrá caído en gracia a muchos, pero no a ustedes, que han hecho de mí el único ex presidente al que no reconocen ninguna condición de tal. Me consta, y así lo ha confirmado recientemente don Eugenio Prieto, que a otros ex presidentes los tienen ustedes presentes a la hora de determinados acontecimientos y celebraciones del Real Oviedo. A mí, jamás. Vade retro, Satanás.
Yendo a aspectos que le son propios. El cumplimiento del convenio. Me parece que no se ha enterado: el presidente de la comisión que se ha de reunir periódicamente de acuerdo con las condiciones establecidas en aquél es el mismo que se sienta con usted en el consejo del Real Oviedo ¿Quién debería convocar, según usted, a la mencionada comisión?
Finalmente, señor Bernardo, han salido primero el máximo accionista de la entidad, el consejero encargado de los asuntos económicos, el presidente, un ex presidente (dos veces) y ahora usted como letrado. Ninguno ha dado la mas mínima explicación de por qué un año sí y otro también están originando en el club déficits inasumibles que nos han de llevar inexorablemente a la desaparición. Estemos en Segunda B, en Tercera o en Segunda División. Les repito lo dicho, analicen la cuenta de gastos e ingresos de mis años en Tercera División y podrán ver cómo sobrevivir y conseguir resultados deportivos tanto en el primer equipo como en las categorías inferiores por menos de la mitad de lo que ustedes se han gastado en el mismo tiempo y con idéntico resultado: ascenso a Segunda B.
A esperar al sobrero.
P.D.: En lo que sí tengo verdadero interés es en conocer su opinión profesional respecto de mi jubilación anticipada. No tenía conocimiento y constancia (tendré que vérmelas con mis abogados por ineptos) de la posibilidad de rehuir ningún tipo de responsabilidad por esa causa.