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Fútbol es fútbol

Un físico, una antropóloga forense, un medio vulcaniano y un estúpido van al fútbol

 
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Imagínense a Sheldon, el genial físico teórico de la serie «Big Bang», en el Fondo Sur de El Molinón viendo el partido Sporting-Barça. Imagínense a la doctora Temperance Brennan, la inteligentísima antropóloga forense de la serie «Bones», viendo el partido Deportivo-Real Madrid en compañía de los Riazor Blues. Imagínense al señor Spock, el profundo personaje de orejas puntiagudas de «Star Trek», cantando el himno del Sevilla a todo pulmón en el partido Sevilla-Valencia. ¿No se imaginan a Sheldon dando botes, ni a la doctora Brennan con una bufanda blanquiazul, ni a Spock cantando «sevillista seré hasta la muerte»? No me extraña. Ni Sheldon, ni la doctora Brennan ni el señor Spock pintan nada en un campo de fútbol. Pero me pregunto qué pintan en un campo de fútbol no los alegres seguidores radicales del Sporting, del Dépor o del Sevilla, sino los tristes seguidores radicales que disfrutan asustando a los niños.

Sheldon es un genio de la física, pero tiene una visión lógica de la vida que le incapacita para disfrutar con un ilógico partido de fútbol en el que un equipo que aspira a mantenerse en Primera División intentará ganar a un equipo que es campeón de todo. La doctora Brennan puede hacer hablar a los huesos, pero sabe tan poco de la vida que nunca entendería que un partido Dépor-Madrid es muchísimo más que veintidós tipos en pantalón corto persiguiendo un balón. El señor Spock es medio vulcaniano y medio humano, pero su parte humana no le alcanzaría para entender el himno de El Arrebato cantado por los aficionados del Sánchez Pizjuán. Ninguno de esos tristes «ultras» que escupen su ignorancia de lo que significa el fútbol en forma de horribles insultos, burdas amenazas o patéticos gestos de intimidación entiende de qué va esto. Y es que el fútbol no es una cuestión puramente física, antropológica o lógica, pero tampoco es un espectáculo irracional, violento y simiesco. Ni racista. Ni xenófobo.

Sin pasión, el fútbol no es fútbol. Claro que se puede ser seguidor del Sporting en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Por supuesto que un seguidor del Sporting silbará al Barça, pitará a Xavi y hará lo posible por poner nervioso a Messi. Y es lógico que los muy lógicos Sheldon, Brennan y Spock pongan cara de «yo no he sido» en El Molinón. Pero me pregunto qué demonios tiene que ver el fútbol con el «puta Cataluña» (o el «puta Oviedo»), a qué vienen esas batallas callejeras entre aficionados de dos equipos rivales o por qué algunos no entienden que un silbido es mucho más elegante y civilizado que un escupitajo. Las bufandas blanquiazules del Dépor son guapísimas, del mismo modo que las bufandas blanquiazules (o azulgranas, o rojiblancas) con la palabra «Antimadridista» son espantosas. Es normal que un sevillista lo sea hasta la muerte. Es absurdo tirar un mechero a la cabeza de un árbitro. Es todo tan sencillo que sorprende que algunos aficionados confundan la velocidad del fútbol con el tocino de sus frustraciones, odios memos y mala educación.

Si tengo que elegir entre ser un físico teórico incapaz de detectar el sarcasmo o un bruto que disfruta emitiendo grititos cuando toca el balón un jugador negro (del equipo rival, se entiende), elijo a Sheldon. Si tengo que elegir entre ser un antropólogo forense sin vida social o un estúpido que odia a Cristiano Ronaldo sólo porque viste de blanco, elijo a la doctora Brennan. Si tengo que elegir entre ser un medio vulcaniano de orejas puntiagudas o un ignorante capaz de pasar a la antidialéctica de los puños a la menor «provocación», elijo ser el señor Spock. Y si tengo que elegir entre ver un partido de fútbol al lado de Sheldon, la doctora Brennan o el señor Spock o en compañía de humanos que no conocen el sabor de la ética y la estética futbolística, elijo a los personajes de ficción. Al menos, ellos están dispuestos a aprender.

Hay que ir al fútbol con pasión, bufanda «pro» (y no «anti»), bocadillo, buenos amigos, buena voz para poder gritar, ganas de aplaudir, alegría para disfrutar de las victorias y sabiduría para entender que en un partido de fútbol no nos van la vida ni la muerte. Los que no entiendan esto, que se dediquen a la física teórica, la antropología forense o servir a bordo de la nave «Enterprise». O que se queden en sus casas.

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