JUAN J. ALONSO
Después de escuchar que la culpa de la expulsión de Cristiano Ronaldo en el partido Real Madrid-Málaga fue de la nariz de Mtiliga, que estaba situada a una altura inadecuada, y después de asistir a la transformación de Ronaldo en un chico triste y solitario, en plan Antonio Vega, sólo nos queda volver la vista al Barça y disfrutar del fútbol. Vale, compraremos el CD homenaje a Cristiano Ronaldo con la versión de «El sitio de mi recreo» cantada por Plácido Domingo, Carlos Sainz y Guti, pero, por Dios, que se callen ya.
Más allá de la culpable altura de la nariz de Mtiliga y del chico triste y solitario, está el fútbol del Barça. En El Molinón, y ante un Sporting luchador y a veces perplejo, el Barça ganó con gol de Pedrito, tras un pase descomunal de Iniesta. Puede que el partido de El Molinón haya convencido a Guardiola de que la banda izquierda del Barça no puede seguir en manos de la República Independiente de Henry, sino que hay que dar paso de una vez a la sonrisa de Pedrito. Decía Picasso que a los doce años sabía dibujar como Rafael, pero que necesitó toda una vida para aprender a pintar como un niño. Henry sabe pintar como Rafael, pero el Barça necesita niños. Hace falta toda una vida (o, lo que es lo mismo, toda una temporada) para que un equipo de fútbol juegue como lo hacen los niños en los patios de colegios, y este Barça picassiano lo ha conseguido. Por eso ver a Henry intentando ser Rafael en un equipo que se ha empeñado en ser Picasso rechina como un grano de arena entre los dientes. Y por eso ver a Pedrito encarar la portería de Juan Pablo con la decisión y alegría de un niño convencerá a Guardiola de que algo tiene que cambiar en el Barça para que todo siga igual.
Mientras Plácido Domingo y amigos cantan «El sitio de mi recreo» en homenaje al triste y solitario Cristiano Ronaldo, el Barça juega como un niño en el patio de su recreo, y da igual que delante esté el Sporting, el Sevilla o Los Otros. La conexión Messi-Iniesta-Pedrito es deliciosamente infantil, así como pausa de Xavi y la melena de Puyol. Infantil, picassiana, alegre. Es decir, azulgrana. Hace falta toda una vida para convertir un campo de fútbol de Primera División en un patio de recreo. Sin embargo, para cantar «El sitio de mi recreo» en homenaje a un chico triste y solitario sólo hace falta un segundo, el tiempo que necesita una nariz mal situada para impactar con el brazo de un crack enfurruñado.