ÁLVARO FAES
El premio del día se lo llevó Pascual Parra, el joven discapacitado de 25 años que había pasado toda la tarde frente a la carpa de Ferrari a la espera del ídolo. Salió Alonso del pabellón, modesto en los entrenamientos, ni rastro de la suntuosa casa rodante de las carreras. Devastado, roto después de 127 vueltas, contento porque el Ferrari vuela, pero agotado. Una multitud eludió el recinto de seguridad. Pedían autógrafos. El piloto que se detiene camino del box para encontrarse con los ingenieros. Se hace la foto con el chico y después le encaja su gorra en la cabeza. «¡Toma!», grita el fan. Misión cumplida. El asturiano se va. Próxima estación: Jerez. Lugar para comprobar si lo de ayer fue de verdad.
Fernando Alonso se machacó en Cheste. «Tengo el cuello destrozado», confesó todavía sudoroso. Fueron 500 kilómetros de tirón, medio millón de metros para soñar, con un Ferrari desbocado, un «cavallino» a galope por el circuito Ricardo Tormo, el mejor coche de los tres días de pruebas.
Y el Alonso más brillante se lo llevó todo. Fue el más rápido de la semana, tres décimas mejor que Massa 24 horas antes. Dio 127 vueltas, nadie rodó tanto ninguna jornada y su coche dejó la pista el último de todos, obligado por la bandera a cuadros, que si de él dependiera, ahí seguiría vuelta a vuelta, pese al evidente desgaste físico y de la máquina.
El optimismo es moderado en la casa roja. «Piano, piano, es el primer día», dicen desde el cuartel general de Ferrari. El piloto está contento porque no ha habido problemas, pero nada más. Huyen de la euforia sin medida cuando falta un mes para la primera carrera. Pero en voz baja, sin grabadoras de por medio, se confiesan emocionados. «Hay coche», se repiten entre ellos con el freno de mano echado, sin querer pensar más allá de los próximos entrenamientos.
Alonso les dejó asombrados. Todo el paddock sabe de su capacidad, pero no es lo mismo que comprobarlo en persona. Impresionó en Ferrari su espíritu de equipo, su entrega al trabajo. 127 vueltas sin descanso, apenas veinte minutos para comer algo de pasta y otra vez al tajo, curva a curva, con el cuello al límite en este arranque de la pretemporada.
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