Cheste (Valencia), Á. FAES
En Madonna di Campiglio, en la convivencia en la nieve de Ferrari, Fernando Alonso se registró bajando a 96 kilómetros por hora con su propio GPS. Ese mismo día encargó unos esquíes más largos y estrechos «para correr más». ¿Inconsciencia? ¿Temeridad? Simplemente, algo propio de tipos distintos, tanto que se ganan (muy bien) la vida a más de 300. Fisichella, piloto reserva, esquiaba siempre con el asturiano. «¿No estáis un poco locos?», le dijo un periodista al italiano. La respuesta fue simple. «No. Nosotros necesitamos la velocidad. Somos así».
De ahí le puede venir a Fernando Alonso su última aventura. Conseguir la licencia de piloto de avioneta. De momento estudia a fondo el manual para obtener el permiso. Desde luego, no hay fecha para su primer vuelo, pero es muy posible que cuando llegue el momento sea en La Morgal (Llanera), muy cerca de Oviedo, donde se ultima la construcción del circuito de karting y el museo de automovilismo que llevará el nombre del piloto.
Es difícil descubrir algunos rasgos de la personalidad del piloto, celoso de su privacidad. Ayer, en el sitio web de Ferrari, apareció la primera entrevista a fondo desde que viste de rojo. Lanzó un mensaje a los fanáticos de la Scuderia repartidos por el mundo. «No puedo asegurar resultados, pero seguro que lo daré todo siempre. No habrá un solo día en que no piense en el equipo. Lo prometo». Fidelidad a los colores amplificada por el canal de comunicación oficial y por un periódico italiano del grupo FIAT, propietario de la mayor parte de las acciones de Ferrari.
«De los cinco libros que se han escrito sobre mí (cuatro en español y uno en francés) no recomendaría ninguno. Se hicieron a toda prisa para ganar dinero cuando me hice famoso. Ni siquiera los he leído», otro golpe del piloto a los que tratan de hurgar en su intimidad. «El día más bonito de mi vida está por llegar. Pienso en el futuro», matiza.