Cheste (Valencia), Á. FAES
Roto por el cansancio, feliz por haberse encontrado con un coche de ensueño y con el reflejo físico en la cara de un día de estreno apareció Fernando Alonso poco después de terminar un suplicio de 127 vueltas al límite. Una marca en el rostro desvela el roce del casco nuevo. Había tumulto en la carpa de Ferrari. Nadie se quería perder las palabras de Alonso después de su primera experiencia a bordo de un Ferrari. «Hay que ver a los pilotos cuando se quitan el mono en pretemporada», dicen desde el círculo íntimo del español. Las llagas en los costados por los duros tejidos ignífugos, todavía sin amoldar al cuerpo, son otro de los peajes en las jornadas de estreno. «Me voy contento por el rendimiento del coche», resume Alonso ante la nube de periodistas, cuidadosamente seleccionados por nacionalidades. Aun así, imposible evitar la aglomeración.
Fernando Alonso deja Valencia con el mejor tiempo de las tres jornadas de pruebas, después de aprovechar el trabajo inicial de Massa. «Los dos días de Felipe han sido de mucha utilidad, porque ha puesto el coche a punto y me he encontrado con un monoplaza muy fiable», elogios para el compañero antes de que las carreras les conviertan en competencia.
Cuatro meses después del anuncio del fichaje, Fernando Alonso pudo cumplir el sueño de pilotar un Ferrari. Ya esquió bajo los colores del equipo, presentó el monoplaza y trabajó en la fábrica, pero le faltaba la pista. Ayer debutó. «Ha sido un día muy emocionante, especial por conducir este coche por primera vez. Además, era el cumpleaños de mi padre», un guiño a José Luis, todo el día con el rabillo del ojo puesto en la labor del hijo.
Pero el sueño exigía trabajo, la tarea de chequear el coche y la necesidad de ponerlo a su gusto, de convertirlo en un traje a medida. «He estado ajustando el asiento, los pedales, el volante, incluso el casco, que es de una marca nueva para mí. Nunca había conducido con los frenos que tenemos aquí. Todo es diferente y he tenido mucho trabajo». El buen estado del monoplaza le permitió centrarse en personalizarlo, tuneo fino sobre un arma de precisión. «Necesitaba todo el día para poner el coche a mi gusto, pero no he tenido que cambiar nada de lo que había hecho Massa y pude centrarme en mis cosas. El coche ha respondido bien, sin sorpresas negativas porque se cumplieron todos los datos que traíamos de las simulaciones».
Aun así, Alonso no se entrega a la euforia, ajeno al dominio continuado al frente de la lista de tiempos. «Son sólo entrenamientos. En la pista me encontraba coches y a veces yo era más rápido, pero otras más lento». Ahí se reflejan el trabajo con distintas cargas de gasolinas, muy dispares si alguien decide probar con el combustible del inicio de carrera, que este año serán unos 200 kilos por la eliminación de los repostajes.
Pero ante todo, Alonso apuesta por mantener la calma. «Debemos tener tranquilidad. Me suelo adaptar bien al material que me dan, sacar el máximo partido es otra cosa. Todavía no estoy al cien por ciento porque no conozco bien el coche», concluye.