Gijón, Víctor RIVERA
El 10 de mayo de 2009 el Sporting tocó fondo. La derrota en Almería fue la más dolorosa de la temporada, por la crítica situación en que dejó a los rojiblancos y por la pobre imagen ofrecida por los futbolistas de Preciado. Aquel día el sportinguismo se vio de nuevo en Segunda. El equipo volvió a ocupar puestos de descenso y el calendario, que no invitaba al optimismo, deparaba tres auténticas finales ante Málaga, Valladolid en Zorrilla y Recreativo de Huelva. Un equipo, que sólo había sido capaz de sumar un punto en los ocho encuentros anteriores, tenía que ganar indefectiblemente los tres partidos que faltaban. Y lo peor no eran los resultados, con ser malos, sino la imagen ofrecida por algunos futbolistas en el estadio de los Juegos del Mediterráneo. El futuro del Sporting era un campo abonado para el pesimismo.
El consejo de administración no fue ajeno a la crisis deportiva en que se encontraba sumido el equipo. En los cuatro años y medio que Manuel Preciado lleva en el Sporting, aquella noche fue el momento en que más cerca estuvo de ser destituido. Sin embargo, se impuso la prudencia y el criterio de quienes defendían que no es bueno cambiar de caballo con la carrera casi terminada y que un nuevo entrenador no tendría tiempo para imprimir su estilo al equipo. La apuesta por la continuidad fue un acierto.
El vestuario también se conjuró para sacar la situación adelante. Plantilla, técnicos y todos los estamentos del club cerraron filas en torno a un objetivo: sumar los nueve puntos que aún había en juego. El caso es que el Sporting reaccionó. Logró una victoria a la tremenda ante el Málaga en El Molinón gracias al único gol de Gerard como rojiblanco y a un tanto en propia puerta de Helder Rosario; coronó para siempre a Cuéllar como el héroe de Zorrilla y regateó a la adversidad en un último encuentro de infarto ante el Recreativo de Huelva. Todo gracias a la derrota en Almería, en una tarde en la que el Sporting perdió para ganar.
Y el caso, es que aquel partido pintaba muy bien para los de Preciado. Un Sporting lleno de urgencias visitaba a un Almería cuya una preocupación era concretar la cifra exacta de goles que sería capaz de completar Álvaro Negredo jugando en un modesto. El gol de Carmelo al cuarto de hora del encuentro acabó de poner las cosas de cara para los rojiblancos. Incomprensiblemente, cuando lo tenía todo a su favor, el equipo de Preciado se fundió. En una tarde extremadamente calurosa, el Sporting acabó derretido y convertido en un juguete en manos de un Almería que acumuló ocasiones de todos los colores y que no hizo sangre con los rojiblancos. El Sporting regresa este fin de semana a Almería y lo hace en una situación muy distinta, pero de nuevo con ciertas urgencias.