ANTONIO RICO
Decía el físico y novelista inglés C. P. Snow que desconocer la segunda ley de la termodinámica es como no haber leído nunca a Shakespeare. Sin embargo, es más fácil entender la segunda ley de la termodinámica que el monólogo de Hamlet porque, como sabe cualquiera que haga la limpieza de su casa un sábado por la mañana, el desorden de un sistema se incrementa con el tiempo o, como máximo, se mantiene constante. Y eso es la segunda ley de la termodinámica. La cantidad de desorden en un sistema debe incrementarse con el tiempo, a no ser que el sistema se halle aislado de su entorno. Y ahora viene el problema: ¿incumple el Barça de Guardiola la segunda ley de la termodinámica?
La gran idea de la segunda ley de la termodinámica es, como decía el químico inglés Peter Atkins, que el mundo tiende a ir a peor, que la degradación del universo es imparable a medida que la energía y la materia se expanden desordenadamente, y que los cambios que se producen a nuestro alrededor son manifestaciones de esa degradación. Entonces, ¿por qué el juego del Barça no se ha degradado después de haberlo ganado absolutamente todo? ¿Por qué Xavi e Iniesta juegan igual de bien (o incluso mejor), a pesar de que la materia y la energía de la Liga española se expanden desordenadamente? El Barça no se halla aislado de su entorno, por la sencilla razón de que todos los fines de semana tiene que jugar contra un equipo diferente, así que el desorden del Barça debería haberse incrementado o, al menos, no debería haber disminuido. Pero pasan las jornadas y el Barça no sólo no pierde, sino que nunca va perdiendo un partido y, además, es cada vez más difícil meter un gol en la portería de Valdés. Para salvar la segunda ley de la termodinámica de la amenaza del Barça podemos decir que si la energía fluye entre las partes de un sistema, es posible para una parte del sistema volverse más ordenada mientras la otra parte se vuelve más desordenada. El divulgador científico James Trefil explica esto tomando como ejemplo la Tierra y el Sol: un pequeño número de moléculas en los sistemas vivos de la Tierra se vuelven ordenadas, pero al mismo tiempo un número más grande de moléculas en el Sol se vuelven más desordenadas, con lo que el desorden neto de los sistemas se incrementa. ¿Es el Barça como la Tierra, mientras que los demás equipos de la Liga española son como el Sol?
¿El orden que muestran las moléculas del Barça jornada tras jornada hace que se vuelvan más desordenadas las moléculas de la Liga? ¿La consecuencia de esto es que el desorden neto del fútbol español se incrementa, es decir, que la distancia entre el Barça y el resto de los equipos se hace cada vez mayor? ¿La única forma de que el juego que desarrolla el Barça en esta temporada, después de una temporada perfecta, no atente contra la segunda ley de la termodinámica es aceptar que el sistema del Barça se vuelve más ordenado a costa del aumento del desorden neto del fútbol español? Si la Liga española sigue siendo la mejor Liga del mundo, significa que el sistema no está tan desordenado como para tener que ceder esa condición a, por ejemplo, la Premier League, pero significaría también que el Barça ha vencido a la segunda ley de la termodinámica. ¿Qué es mejor, aceptar que la Liga española ya no es la mejor Liga del mundo o añadir una nota a pie de página de la segunda ley de la termodinámica futbolística que advierta que el concepto de orden en el universo no afecta al Barcelona de Guardiola?
La degradación imparable del Barça post-seis títulos a medida que la energía y materia de sus jugadores se expande en una nueva temporada no se ha producido. Es decir, o el Barça no juega en la mejor Liga del mundo o la segunda ley de la termodinámica tiene que ir urgentemente al psiquiatra. Mejor lo primero, ¿no?