Gijón, J. I. CASTAÑÓN
A Daniel Bayón cuando se le interpela por su rendimiento en una carrera, como la de ayer en la que se proclamó campeón de Asturias de campo a través, responde siempre en plural, como hacía Miguel Indurain cuando desgranaba sus éxitos en el Tour de Francia. «Sabemos que llegamos bien todos los años a los campeonatos», sostenía una vez terminado el Autonómico con una media sonrisa de satisfacción y de deber cumplido en el rostro. Su uso del mayestático era una muestra inconsciente del perfecto tándem que forma con Roberto Nicieza, su entrenador, al que hace partícipe de sus triunfos. Un tándem que ayer funcionó a la perfección, como hace dos semanas en Laviana, y que daba la razón a quien le señala como el hombre que mejor llega a las grandes citas.
Lo cierto es que la victoria de Bayón en Laviana era un arma de doble filo. Había coincidido en el tiempo con el récord regional de media maratón de Ciro Zapico, que le había vencido en enfrentamientos anteriores. Y era razonable pensar que con Ciro encima de la hierba y en plena forma el resultado fuera distinto al de Pola de Laviana. No fue así. Ayer Bayón fue como el pequeño David que abatió al gigante Goliat. Bayón fue más grande que Ciro el Grande, aquel emperador persa que creó el mayor imperio conocido hasta que llegó Alejandro Magno. Y lo hizo con la misma táctica que la empleada en Laviana: cambio seco a falta de 3 kilómetros para disgusto de Jaime Fernández, entrenador de Zapico y que le había leído la cartilla a su pupilo durante la semana previa. «Si quieres vencer marca un ritmo asfixiante», le advirtió. Ciro o no pudo o no supo marcar ese ritmo.
La carrera se rompió a falta de dos vueltas de las seis previstas en un circuito, Las Mestas, que sorprendió a los corredores por su rapidez y que resultó más entretenido de lo que el escenario limitado proponía. Un hallazgo. Bayón escondía ayer su virtual piedra bajo su camiseta verde y la fue a arrojar a Ciro junto a la pradera anexa a la carretera de acceso al recinto. Allí le castigó para abatimiento también de Peón, que se quedaba en ese momento. Primero fue un hueco de unos 25 metros, que llegó al medio centenar en los 10.500 de prueba. Ciro, que había dado la cara en el tramo inicial con un Peón vigilante en un circuito apto para las características del gijonés, decía adiós a un título que por trayectoria merece pero que revalidó Bayón.
Por su parte la carrera femenina supuso el reencuentro de Verónica Pérez con la victoria. La tinetense no se mostraba optimista sobre su suerte momentos antes del inicio de la prueba. «No sé qué me pasa este año. No me salen las cosas», lamentaba. Y se equivocó. En la cita más importante del invierno sacó a relucir su casta y todo le salió de cara. Desplazó de lo más alto del podio a Wanda Sánchez y a María García, que ayer sufrió más que en toda la temporada, mientras Esther Álvarez, reina de la regularidad, era tercera. «No pude entrenar bien esta semana por cuestiones de salud», señaló la gozoniega María, cabizbaja al finalizar la prueba.
Alba García, una probable candidata a la victoria, estaba ayer de «civil» (padece periostitis) por Las Mestas y se conformó con ver ganar a su compañera de entrenamientos y de club.
Si en la carrera masculina el cambio seco corrió a cargo de Bayón. Verónica eligió el mismo lugar a falta de dos vueltas para hacer daño a una Wanda Sánchez que acusó la falta de competición en el cross. «Verónica es un factor muy a tener en cuenta en este tipo de campeonatos», sostuvo la gijonesa.
Mención aparte merece Maica Rodríguez. Hace justo un año sufrió una trombosis en uno de sus gemelos. Ayer volvió a calzar sus zapatillas. Le dieron el dorsal 1. Ella también fue una campeona a su modo. Como la junior Ana Gutiérrez, que podría poner en apuros a las seniors si compitiera con ellas.