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El factor humano en el rugby

Rubén Díaz, que lleva casi cuarenta años de plena dedicación al deporte del balón ovalado, considera que transmite unos valores muy poco frecuentes en otras modalidades

 
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Rubén Díaz, en el campo de la Universidad Laboral, mientras se juega un partido de rugby a su espalda. / marcos león
Rubén Díaz, en el campo de la Universidad Laboral, mientras se juega un partido de rugby a su espalda. / marcos león 

Gijón, Mario D. BRAÑA

En España, el rugby es un deporte minoritario, pero en países como Sudáfrica tiene tanta fuerza que es capaz de cambiar la mentalidad de la gente. Lo explicó John Carlin en su libro «El factor humano», que acaba de tener su secuela cinematográfica con «Invictus». Cuenta cómo Nelson Mandela aprovechó el Mundial de 1995 para convertir el equipo de rugby en el símbolo de la reconciliación entre negros y blancos. A otro nivel, mucho más modesto, Rubén Díaz puede dar fe de los valores que transmite un deporte al que lleva ligado casi cuarenta años y en el que ya ha hecho de todo menos entrenar.

El destino quiso que Eduardo Rubén Díaz Fernández (Gijón, 24 de enero de 1957) estuviese matriculado en el Colegio Revillagigedo, que contaba como profesor de Educación Física con Jaime Lastra, pionero del rugby en Asturias. Negado para el fútbol, Rubén se adentró en el deporte del balón ovalado con 14 años. Y hasta hoy, que ejerce de vicepresidente de la Federación Asturiana y evaluador del Comité Nacional de Árbitros.

Su carrera como jugador fue corta (tres años en el Gedo y uno en el Grupo Covadonga) y discreta en su puesto de tercera línea, aunque celebró un Campeonato de Asturias con el Grupo. Con 18 años se pasó al arbitraje, para lo que tuvo buenos maestros, como José Antonio García Prendes y Enrique Alonso Lucio. En tres años llegó a la máxima categoría nacional. Como prueba de que el rugby es un deporte especial, de sus 19 años con el silbato sólo recuerda un incidente tan grave como infrecuente en el rugby.

«En un partido en La Morgal pité un golpe de castigo y un jugador de La Calzada vino por detrás y me pegó un puñetazo en la cara», recuerda, todavía con un rictus de tristeza. «Todo el mundo se quedó helado porque eso no pasa nunca. No le di mayor importancia porque fue obra de un descerebrado». El agresor fue castigado a perpetuidad y Rubén siguió arbitrando, hasta superar los 400 partidos.

Después le tocó arrimar el hombro desde los despachos. Empezó como secretario general de la Federación Asturiana, con Isidro Fernández Oblanca de presidente. Lo sustituyó en una etapa difícil, con más ilusión que medios. «En aquella época los jóvenes nos metíamos en berenjenales de este tipo sin apenas apoyos», aunque alguno hubo: «Manolo Llanos, en su etapa en la Dirección General de Deportes, consiguió un campo en La Morgal exclusivo para el rugby».

Tras un breve paréntesis, Rubén Díaz volvió a ocupar un cargo en la Federación (vicepresidente) y sigue cerca del césped como evaluador de árbitros. «No sólo calificamos su labor, sino que después de los partidos hablamos con ellos para intentar mejorar algunos aspectos», explica, como uno de los detalles que diferencian a su deporte. Está encantado con esta función y también con su segunda etapa como dirigente. «Decidí volver porque la Federación Asturiana estaba un poco desatendida. De momento se ha conseguido incluir el rugby en los Juegos Deportivos, que mueven a más de doscientos críos».

Rubén considera que el futuro será mejor, entre otras cosas porque la modalidad de rugby a 7 será olímpico a partir de 2016. En cualquier caso, con más o menos seguimiento, lo importante para personas como Rubén es que el «rugby siga transmitiendo unos valores extraordinarios. En primer lugar, fomenta el juego de equipo. Y, sobre todo, mantiene unas tradiciones incluso allí donde ha llegado el profesionalismo: respeto máximo al árbitro, al capitán, el pasillo final a vencedores y perdedores, el tercer tiempo...». Por eso cree que no es casualidad que un simple equipo de rugby, la selección de Sudáfrica, haya sido capaz de cambiar la historia de un país.

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