Gijón, Víctor RIVERA
El Zaragoza al que se va a enfrentar el Sporting este domingo (17 horas) tendrá muy poco que ver con el equipo hecho de retales que zarandeó a los rojiblancos en El Molinón en la primera vuelta. Las cosas han cambiado mucho desde entonces a la vera del Ebro. Tanto, que el Zaragoza casi parece un equipo nuevo. Fue necesaria la destitución de Marcelino García para que el dueño del club aragonés, Agapito Iglesias, atendiese las demandas del técnico asturiano. El gran beneficiado fue José Aurelio Gay, quien cambió el banquillo del filial por el del primer equipo tras la marcha del técnico de Careñes. Además del entrenador, el Zaragoza incorporó a siete futbolistas de primer nivel, incluido el goleador asturiano Adrián Colunga.
Desde muy poco tiempo después de consumar el ascenso a Primera División, Marcelino García tomó conciencia de que iba a ser un año muy duro. El club aragonés experimentó algunos cambios significativos en su organigrama directivo y el entrenador empezó a encontrar trabas donde antes había facilidades. La promesa de reforzar el equipo con un plantel capaz de alejar el fantasma de un nuevo descenso se la llevó el Ebro y a Marce sólo le concedieron un capricho: Uche. El resto de las novedades fueron segundas opciones, terceras y a veces ni eso. El fichaje del lateral izquierdo del Sporting Roberto Canella, una prioridad para Marcelino, se fue al traste por un desacuerdo en la forma de pago. Negredo acabó en el Sevilla y la banda izquierda tampoco tuvo el fichaje que esperaba. A cambio llegaron Obradovic y Babic, dos futbolistas de un nivel inferior.
El destino aún le tenía preparada una nueva trampa a Marcelino. Mientras el técnico esperaba a que se resolviese el conflicto que el Zaragoza mantenía con el Deportivo por la propiedad de Lafita, recibió la peor noticia posible. Uche se había roto para la toda la temporada. Marce pidió entonces un nuevo fichaje para compensar la baja de larga duración. No llegó nunca. Con lo que tenía, Marce intentó ser fiel a su estilo de fútbol echando mano del filial. Los resultados no llegaban, pero el Zaragoza jugaba bien y la grada de La Romareda se mantuvo siempre fiel a su entrenador.
El 12 de diciembre el Zaragoza perdió en casa con el Athletic y el equipo entró en puestos de descenso. Ésa fue la excusa que estaba esperando el consejo de administración para destituir al entrenador asturiano. En 14 partidos, Marcelino sumó una docena de puntos.
El ex jugador del Oviedo José Aurelio Gay, que hasta entonces había dirigido con cierto tino al segundo equipo maño, dio el salto. Inicialmente, se le consideró un técnico de transición, pero varias negociaciones frustradas con entrenadores de más solera dieron paso a su confirmación hasta finales de temporada. Los inicios fueron duros. En sus cinco primeros partidos, Gay tan sólo fue capaz de sumar dos puntos. Agapito Iglesias fue consciente entonces de que la mala situación del Zaragoza no era un problema del entrenador.
El club inició entonces una vorágine de operaciones en el mercado de invierno en la que fueron casi tan importantes las entradas como las salidas, que permitieron sanear un vestuario que ya olía a rancio. El equipo fue mejorado en todas sus líneas. En la portería, López Vallejo se fue al Levadiakos griego y llegó Roberto, cedido por el Atlético de Madrid. Las lagunas de Carrizo hacen que el internacional sub-21 ya apunte a titular. En defensa, dejó la entidad el histórico Ayala, defenestrado tras la goleada del Bernabeu, y llegaron Jarosik (Krylya Sovetov de Rusia) y Contini (Nápoles), dos zagueros que aumentan la seguridad del equipo notablemente. Para el centro del campo vino el clásico Edmilson, ex del Barcelona y el Villarreal. El ex del Málaga Eliseu, cedido por el Lazio, aportó la velocidad que Marce quería en la banda izquierda, mientras Songo'o se marchó a la Real Sociedad. En punta se encontró acomodo a Ewerthon en el Palmera y se fichó al internacional chileno Suazo, del Monterrey mexicano. También se cambió a Braulio por Adrián Colunga con el Recre. Así se formó el Zaragoza que había soñado Marce. Un equipo que ha sumado siete de los últimos nueve puntos.