A. M.
Juan Manuel Lillo, tan admirado por Guardiola, se la armó bien al Barcelona, que no pudo pasar del empate en su visita al Almería. El partido fue una nueva prueba de que el equipo azulgrana está lejos de su mejor forma. Tuvo mucha posesión de balón y hasta ocasiones para haber ganado el partido, pero se empleó sin la velocidad de manejo del esférico y las combinaciones espectaculares con las que la temporada pasada concitó tantos elogios y admiración, por no hablar de títulos.
Este Barcelona, el de ayer y el de las inmediatas jornadas anteriores, se sabe bien el esquema, domina los movimientos, pero le falta quizás el plus de motivación que tenía en abundancia durante la histórica campaña del año pasado. Si encima le flojea la defensa en los pocos acercamientos que suele hacer el rival, como ocurrió ayer, resulta que no le vale para apuntarse al triunfo ni marcar dos goles. Ayer no estuvo nada fino Puyol en el primer tanto, superado claramente en el salto por Cisma, y para mayor desgracia marcó el segundo tanto del rival en propia meta.
Lillo también puso lo suyo para que el Barcelona no saliese con los tres puntos de esta visita. Seguro que motivando a sus jugadores, que hicieron un impresionante derroche físico, y ordenándolos estupendamente en tareas defensivas, sabedor de que un Barcelona como el de estos últimos tiempos, al que le falta frescura mental, se atraganta con muchos defensas por delante, empeñados muchas veces en rizar el rizo de la habilidad técnica. Y en cuanto a sus jugadores, papel relevante de todos modos para el portero, Diego Alves, y es que el Barcelona aun jugando mal es capaz de fabricar ocasiones.
El Barcelona no sólo perdió imagen futbolística en Almería. Guardiola fue expulsado, por protestar que no pitase Clos Gómez lo que el técnico entendió como penalti a Messi, y tampoco acabó el partido el sueco Ibrahimovic, después de que el árbitro le enseñase la roja por agredir a un rival.
No fueron los únicos aspectos discutibles de la labor de Clos Gómez. Primero no dio por buena la camiseta del Almería hasta que recibió el O.K. de la Liga de Fútbol Profesional, al llevar un lema de apoyo a Chile, tras la reciente tragedia en el país andino, y después señaló una falta, la que dio origen al primer gol del Barcelona, cuando los locales se quejaban de que en realidad había sido Ibrahimovic el que había cometido infracción sobre el defensa.
Los mejores momentos del Barcelona coincidieron con los inmediatos a la expulsión de Ibrahimovic, cuando el equipo azulgrana, enrabietado, puso cerco al área local. De una de esas acciones, aunque mediase un fallo defensivo, llegó el nuevo tanto de Messi, el que supuso el empate definitivo. Después, el Barcelona se mostró con más corazón que cabeza, una forma de funcionar que no les va nada a los azulgranas.