Pekín, J. L.
Los escándalos que han salpicado y salpican al fútbol en diversos países europeos, especialmente tras los últimos casos desvelados en Alemania, con amplias ramificaciones en varios países del este europeo, no dejan de ser un juego de niños comparados con los escándalos de corrupción a todos los niveles en la Liga de China; escándalos que han llegado a tales niveles que las autoridades deportivas «han concentrado» a cientos de árbitros y entrenadores en las afueras de Pekín y de Cantón para «reeducarlos» y que confiesen sus delitos, al más puro estilo de las purgas políticas y reeducativas implantadas por Mao.
Según informaba en su edición de ayer el diario «South China Morning Post», se han creado dos «campos de rectificación de la educación y de la anticorrupción», uno en las afueras de la capital china (donde han sido enviados 200 árbitros) y otro en la provincia sureña de Cantón, donde se encuentran los entrenadores de la mayoría de los equipos de la Liga.
De acuerdo con el periódico, estas concentraciones son «la última oportunidad de que confiesen sus delitos a cambio de sanciones menos duras».
Según el nuevo presidente de la Federación China de Fútbol, Wei Di, el campo de rectificación supone «una oportunidad de redención para aquellos árbitros, entrenadores, directivos o jugadores metidos en líos», y advirtió de que aquellos que no confiesen en el «período de gracia» y cuya culpabilidad se compruebe «serán duramente castigados, y no sólo en el terreno deportivo».
El mundo del fútbol chino se ha convertido en un campo de experimentación nacional en la lucha contra la corrupción, después de que el presidente del país, Hu Jintao, expresara el pasado año su preocupación por el «mal estado institucional» de ese deporte y los pésimos resultados de la selección china a nivel internacional, no habiendo logrado su clasificación para el Mundial de Sudáfrica, que se disputará este verano.
Desde entonces, rara ha sido la semana en la que no ha aparecido una noticia sobre nuevos entrenadores, jugadores, directivos o árbitros implicados en la red de amaño de partidos y apuestas ilegales, no sólo en la principal liga del país, sino incluso en las divisiones inferiores de las distintas regiones.
Entre los arrestados en la campaña anticorrupción figuran dos ex vicepresidentes de la propia Federación China (Nan Yong y Yang Yimin), el hasta entonces director del Comité de Árbitros, Zhang Jianqiang, y tres conocidos árbitros de la competición nacional, entre ellos, Lu Jun, ganador en dos temporadas del «Silbato de oro» al mejor colegiado chino y que estuvo presente en el Mundial de 2002, disputado en Corea y Japón.