J. M. MATUTE
Claro que sólo era la primera carrera y que nos queda por delante el campeonato más largo de la historia de la F1. Claro que sí... pero no, pues, aunque nadie lo dijera, todo el mundo sabía que Fernando Alonso ponía en juego en el circuito de Sakhir mucho más que un simple puñado de puntos, por muchos que sean ahora. Tenía prisa por recompensar a Botín y Montezemolo por la confianza depositada en él, por devolver a la afición una ilusión perdida los últimos años y por dejar claro a Massa que en la pista los pilotos se vuelven daltónicos y no diferencian colores. Todos rivales.
La pasión por la «roja» desatada con el fútbol, el baloncesto o el tenis se traslada ahora a la F1 sin tener por ello la marea que perder su tinte azul. Claro que sólo es la primera de las diecinueve citas de la temporada más larga, pero también lo es que en la anterior ocasión que Bahrein abrió la temporada el ganador fue igualmente Alonso y que el asturiano lograba en aquel 2006 su segundo título mundial.
Primera carrera y primera victoria con Ferrari, reclamando unos galones que sabe que la escudería no le dará, pero tampoco va a negarlo. Y haciendo una muesca más en la historia, pues el ovetense ya es el primer piloto de la actual parrilla que ha ganado con tres escuderías distintas. Carpe diem.