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Fútbol es fútbol

Zeus en el banquillo

Guti o Pedro pueden salvar un partido y, de paso, la cabeza de Pellegrini y el prestigio de Guardiola

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ANTONIO RICO Un equipo titular es un equipo titular. Bien, después de esta bonita perogrullada habrá que decir algo más y, de paso, evitar que los lectores se larguen a las páginas de economía. Quiero decir que un equipo titular es un equipo titular porque el entrenador ha decidido que es el mejor equipo para jugar. Supongo que, por eso, siempre que un entrenador se ve obligado a realizar cambios esenciales en su equipo termina enfadado, tanto si los cambios fueron efectivos como si no sirvieron para nada. Si un jugador (o dos, o tres) no titular cambia el rumbo de un partido saliendo del profundo banquillo, el entrenador estará enfadado con su equipo titular. Y si un jugador (o dos, o tres) no titular no cambia el rumbo de un partido saliendo del profundo banquillo, el entrenador estará enfadado con su equipo titular y con los suplentes. Creo que un entrenador tiene más motivos para enfadarse con lo primero que con lo segundo, por las mismas razones por las que Aristóteles criticaba el recurso del «Deus ex machina» en el teatro griego.

«Deus ex machina» quiere decir «Dios a través de la máquina», y en la antigua Grecia era un mecanismo de poleas empleado en el teatro que permitía que un personaje apareciera en el escenario como si descendiera de las alturas. El recurso era muy utilizado cuando el desarrollo de la acción había conducido la obra a un callejón sin salida y no había manera de poner un poco de orden en el desenlace. Entonces, y gracias a la máquina, el mismísimo Zeus descendía y arreglaba la situación en un instante. Es decir, la intervención divina ponía orden en el caos, castigaba a quien había que castigar, premiaba a quien se lo merecía y solucionaba los embrollos. Un recurso fácil, pero tramposo. Imagínense que en el último capítulo de «Perdidos» una especie de Dios baja a la isla y empieza a dar respuestas a todas las preguntas que los guionistas han planteado durante las seis temporadas de la serie. Vaya decepción, ¿no? A Aristóteles no le gustaba nada este recurso, y en su «Poética» dice que el desenlace de una obra debe surgir del argumento mismo, y no depender de un artificio de la escena. Pues bien, se podría decir que una aparición de Guti o Pedro saliendo desde el banquillo, por ejemplo, puede salvar un partido y, de paso, la cabeza de Pellegrini y el prestigio de Guardiola, pero Guti o Pedro son un «Deus ex machina» que aparece de repente para poner orden en el caos producido por la alineación titular. En ese sentido, el triunfo de Guti o de Pedro sería el fracaso de Pellegrini o de Guardiola, del mismo modo que el triunfo de Zeus es el fracaso del talento del guionista.

Según Aristóteles, uno de los mejores consejos que se puede dar a un autor es que procure que el desenlace de su guión sea sorprendente pero al mismo tiempo razonable. Es decir, que el espectador se lleve una pequeña sorpresa pero, al mismo tiempo, exclame: «¡Éste es el desenlace que tenía que ser!». Creo que el consejo de Aristóteles es válido tanto para los guionistas de «Perdidos» como para los guionistas de un partido de fútbol. Las sorpresas deben ir incluidas en la alineación titular, y el desenlace debe ser a la vez sorprendente y razonable. Que aparezca un jugador desde el banquillo empujado por un mecanismo de poleas puede arreglar un partido, pero da la impresión de ser un poquito de trampa. De acuerdo, es cierto que un equipo de fútbol es mucho más que su alineación titular, pero el recurso al banquillo no deja de ser el recurso a Zeus, es decir, el último recurso de un entrenador que no sabe cómo resolver un problema de guión planteado por él mismo.

Los entrenadores sólo son felices cuando realizan cambios accidentales, cosméticos, alegres, destinados a premiar a un jugador o conceder minutos de rodaje a un joven talento. No son cambios «Deus ex machina», sino cambios de buen rollo. Si Guardiola cambia a Messi por un delantero del filial en el minuto 80 de un partido cuando el Barça gana 4-0, no estamos hablando de Zeus descendiendo de las alturas del Camp Nou, sino de un extra en el DVD de «Perdidos». Y es que tener a Zeus en el banquillo esperando una oportunidad no es bueno para el guionista... ni para Zeus.

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