Banjul (Gambia),
Covadonga MURIAS
África tiene ganas de fútbol. Como cada cuatro años, la celebración del mayor espectáculo del mundo ha vuelto a despertar el sueño y la fiebre del Mundial se ha apoderado de todo el continente. También de Gambia. En este pequeño país de la costa oeste cualquier espacio arenoso sirve al caer el sol como campo de fútbol improvisado. Poco importa si hay que jugar descalzos, si la temperatura supera los 40 grados o si el balón, que un día fue de cuero, está mil veces remendado.
En las casas de adobe está escrito con letras irregulares a modo de calendario: Sudáfrica-México, Argentina-Nigeria, Serbia-Ghana. De dónde sacan la señal de televisión para ver los partidos es todo un misterio. Y si la Roja tiene adeptos entre los gambianos estos días la presencia española tenía un peculiar sabor asturiano. La ONG Asturies por África se ha sumado a la locura del fútbol y ha dibujado con el azul del Oviedo y el rojiblanco del Sporting la ilusión con la que los africanos viven su primera experiencia como anfitriones en un Mundial.
El gran derbi asturiano se celebró a más de 4.000 kilómetros del Principado, en la pequeña aldea de Ndungu Kebbeh, que actuaba de local ante la vecina Aljamdou. Iván Armesto y Xuaco Pajarón actuaron de representantes de las aficiones del Sporting y del Oviedo, respectivamente, y el mítico ex jugador del Sevilla Biri Biri apadrinó el partido. Entre todos llevaban las equipaciones cedidas por los clubes y por el colegiado asturiano Mejuto González, medallas y trofeos.
El calor obligó a recortar cada tiempo a 35 minutos, y el resultado... el resultado no importó a nadie. Había dos trofeos iguales; uno para cada equipo. «Jugaron con bravura y fue un partido muy noble», destaca Carlos González, presidente de la ONG. Y tras el partido el equipo anfitrión agasajó al visitante con arroz, pollo y verduras. Un lujo. «Esto hay que repetirlo. El próximo derbi, en Aljamdou», señalaba González en la despedida.