MARCOS PEÓN
A todo atleta, al iniciarse un año par, se le activan las alarmas; sólo caben dos opciones: toca Olimpiada o Europeo. Las dos citas más atractivas para los corredores, saltadores y lanzadores del viejo continente. La primera por ser el objetivo final de toda carrera deportiva que se precie y la segunda por ser una clara oportunidad para la gloria. La ausencia de africanos, caribeños y estadounidenses deja los papeles protagonistas en manos de los cada vez menos internacionales atletas europeos. Estamos en 2010 y este año toca Campeonato de Europa; y por si esto fuera poco, además este año jugamos en casa, ya que la cita continental será en Barcelona.
El camino hacia la pista azul de Montjuic pasa por el tradicional tartán rosado de Avilés. La pista del Quirinal se ha lavado la cara y vestido de gala para acoger uno de los campeonatos de España más abiertos y emocionantes de los últimos tiempos. La cita se presenta como la del inicio del cambio generacional. Muchos de los grandes atletas españoles buscan poner el colofón final a sus exitosas carreras, brindándonos unas últimas tardes de gloria antes de dejar paso a los nuevos valores. Pronto ilustres apellidos como Martínez, Domínguez, Martín o Estévez dejarán paso a otros que aspiran a serlo como López, Takacs, Bustos, Cienfuegos o Cáceres.
Este asalto de las nuevas generaciones al orden establecido hace que sean pocas las pruebas en las que se prevé un claro favorito, dando más lustre y emoción, si cabe a unos campeonatos ya de por sí altamente atractivos para el público.
En cuanto a los atletas asturianos, la sensación es la de que todo es posible, jugamos en casa y nada parece lo suficientemente lejos ni difícil. Buscamos nuestro pedacito de gloria, es el sueño de cualquier atleta y disfrutar de estos momentos tan especiales e irrepetibles tan cerca de los nuestros será el colofón a un año en el que las imágenes de la gloria avilesina han hecho que el trabajo diario fuera el más feliz de nuestras vidas. Disfruten del espectáculo.