J. M. MATUTE
Este equipo que en los cuatro últimos años ha ganado por méritos propios el derecho a liderar el ranking de la FIBA está sin chispa; estos jugadores que deberían presumir al saltar a la cancha de ser los vigentes campeones de Europa y del Mundo y los subcampeones olímpicos han perdido la sonrisa. Durante cuatro años han sabido no sólo llegar, sino mantenerse en lo más alto, pero el peso de la historia, el peso de la responsabilidad y el peso de las ausencias les están pasando factura. A Ricky le puede la tensión de saber que sin Calderón debe ser él con sus 19 años quien cargue con la responsabilidad y ello le bloquea la capacidad de anotar; a Marc le puede en determinados momentos el saberse el único Gasol en pista; Rudy ofrece números inmensos, pero juega con un rictus de tristeza y no con el aire retador del que se subió en Pekín a los hombros de Supermán Howard; Garbajosa huye cada vez más de la pintura y Navarro está cosido a cicatrices de tanto pelear por buscar un hueco a sus bombas.
También podría a estas alturas cuestionarse la tozuda teoría de los cambios de Scariolo o una planificación que incluía haber jugado en casa todos los partidos de preparación menos uno, con un beneplácito arbitral contraproducente. Pero no enterremos antes de tiempo a quienes nos dieron tanto y confiemos en que recuperen la sonrisa. Si vuelven a sonreír, sonreiremos con ellos.