Riosa,
J. I. CASTAÑÓN
La ignorancia nos hace más valientes, más osados. Quien desconoce un peligro es posible que se arriesgue más y que víctima de su osadía perezca en el intento. Por ello, nada mejor que una buena dosis de experiencia y más si se trata de un puerto que despierta miedo escénico con sólo su mención.
Bajo esta premisa se movía el vitoriano Martín Fiz, 47 años, campeón de Europa y del Mundo de maratón en los años noventa, que pidió a Jaime Fernández, organizador de la carrera pedestre del Angliru, inspeccionar en coche el puerto riosano la tarde noche del viernes. Mientras subía por el puerto, Fiz llamó por teléfono a su paisano Joseba Beloki y comentó al ex ciclista que El Angliru no era tan fiero como lo pintaban, como le habían comentado. Pero hete aquí que el destino en forma de vacas se interpuso en el camino de Martín Fiz en la Cueña les Cabres. El coche en el que subía debió frenar para no atropellarlas; se caló, se quemó el embrague y debieron recorrer 300 metros marcha atrás antes de poder dar la vuelta y renunciar a llegar a la cima del Angliru.
El miedo, físico que no escénico, entró en el cuerpo a Martín Fiz. El vitoriano recordaba ayer la anécdota en meta para explicar que su cautela al afrontar ayer la subida al Angliru había sido un arma de doble filo. Le hizo ser conservador y arriesgar lo justo.
«Estoy seguro de que en un duelo más igualado hubiera batido el récord de la prueba», sostuvo finalizada la carrera el gran ex maratoniano. Llevaba razón. Martín Fiz ganaba ayer con un tiempo extraordinario de 1 hora 1 minutos y 59 segundos (él soñaba en un principio con una hora y tres minutos) y demostró que es un profesional como la copa de un pino porque no vino a Asturias a pasearse sino a competir en el sentido más estricto de la palabra. Y también porque se pasó otra hora haciendo fotos y con una sonrisa en la boca mientras departía con todos los atletas que habían completado la prueba que organizó el club Línea de Meta.
Martín Fiz (Strands.com) y la zamorana María Díez (Vino de Toro) se llevaron el triunfo en una carrera con paisaje de postal y en la que el sol brilló en los tramos más altos mientras la neblina envolvía a los corredores hasta Viapará.
Los asturianos compitieron a su nivel. Martín Álvarez (Piloña) se metió en el podio tras un sorprendente Ricardo Mayordomo, vallisoletano que fue el único que intentó seguir el ritmo que imponía Martín Fiz y que pegó un buen recorte a su tiempo. David Prieto (Toscaf) fue cuarto tras jurar y perjurar un año más que esto no era lo suyo y que qué había hecho para merecer tanto castigo.
Y es que decir Angliru es decir atletas que en un tramo llano transitan por lo general a poco más de tres minutos el kilómetro lo hagan en algunos casos a más del doble, cuando no simplemente andando. Que se lo pregunten a las ex internacionales asturianas María García, segunda, y Ana Gutiérrez, tercera, que prefieren un 3.000 obstáculos (su especialidad) corrido «a muerte» a las rampas del Angliru. Antes de Viapará tenían a tiro a la zamorana hasta que Cabanes, Aviru, La Cueña y demás famosos tramos daban un bocado de realidad a sus sueños de victoria. Una victoria que ayer se cotizaba cara, pero que de algún modo obtuvieron todos los que tuvieron el valor de ponerse a prueba en El Angliru, territorio de la épica.