Bimenes, J. I. CASTAÑON
En ocasiones el paso del tiempo acaba acortando los nombres largos. Las carreras largas en ocasiones también se «acortan» y se dirimen en un tramo corto, tan corto como 200 metros cuando se lleva entre pecho y espalda más de 20 kilómetros. Sucedió ayer en la prueba masculina en la Media Maratón de la Sidra, que vivió su sexta edición con 300 participantes y sucederá más veces, no hay duda.
El riosellano Francisco López de Dios pasó en su infancia y gracias a su abuela materna de Francisco a Francisquín. De ahí evolucionó a Ikín y acabó en Iki. Hoy Fran López es para muchos de los que corren «Iki», que suena casi como el apodo con el que se conoció al presidente estadounidense «Ike» Eisenhower. Ayer Iki fue Ike, el comandante en jefe de la media maratón gracias a su triunfo. «Va para mi hija Alicia y para Paco Hevia, mi entrenador desde hace dos años», señaló en línea de meta el veterano atleta de la Sociedad Cultural Ribadesella, que cuenta con un dilatado curriculum tras su paso por clubes como la Avilesina y el Oviedo, donde de la mano de Adelino Hidalgo conoció sus mejores prestaciones. Una época de triunfos que ayer, con más de 35 años, volvió a rescatar, como hizo hace casi un año en la Lastres-Colunga.
Unos minutos después de Iki y sin sprint de por medio, pero con respiración aún entrecortada llegaba la vencedora femenina, Esther Bello, que vive en Oviedo y corre por el Estadio Gijón. No hacía falta, como Fran López, que dedicara a nadie su victoria. Los gestos la delataban. Allí estaba su familia (es madre de dos niños) para darle un abrazo que ayer era el reconocimiento a un esfuerzo. «He pasado por muchas lesiones esta temporada y no estaba segura de mis fuerzas, pero al final lo que cuenta es que he ganado», dijo.
La prueba, organizada por el Nava Atletismo con salida en San Julián de Bimenes y meta en el mismo punto, cumplió con las previsiones. Dos atletas (Fran López y Gonzalo Álvarez) parecían sobre el papel superiores al resto en categoría masculina y una corredora (Esther Bello) tenía la misma condición en la femenina. Y entre los tres escribieron la carrera. Un podio que en categoría masculina completó Javier Copete (Avientu), que estaba tanto o más satisfecho que si hubiera ganado, y es que una ciática le había arruinado buena parte de la temporada, y Patricia García y Susana Álvarez en chicas.
Si la competición masculina se decidió en los últimos 200 metros, la escapada del dúo protagonista fue tempranera. Y es que en el kilómetro dos Gonzalo Álvarez y Fran López se despegaban del corredor de Lugones Javier Copete y se iban camino de Nava, desde donde retornarían otra vez a San Julián. Por su parte Esther Bello realizaba su carrera en solitario en busca del triunfo. El alto Espinadal le limaba las fuerzas como al resto de participantes, pero no del modo suficiente para que alcanzara en ese punto una cómoda ventaja respecto a sus perseguidoras, renta que se mantuvo hasta San Julián. Unas fuerzas que menguaron para todos los participantes en los kilómetros finales cuando el viento dio de cara a los corredores aumentando la sensación de esfuerzo de esta dura «media», y que se cebó con parte del pelotón en los últimos kilómetros cuando aguantó un fuerte chubasco antes de cruzar la meta.
«Empecé a cambiar a falta de un kilómetro para limar las fuerzas a Gonzalo, que ya no pudo aguantarme en el tramo final», declaraba el satisfecho vencedor refiriéndose al gijonés, que con seguridad hace dos años podía poner en serios aprietos a Iki en un sprint y que probablemente ayer pagó su paso por el ultrafondo, modalidad en la que llegó a ser tercero en los 100 kilómetros de Madrid disputados el pasado mes de mayo. Una experiencia que Gonzalo parece que probablemente no repetirá en más ocasiones según confesó en San Julián, para retornar a su senda natural de medias maratones o maratones, que no son moco de pavo.
La próxima cita será el 7 de noviembre con la recuperada media maratón de Avilés que organiza la Atlética Avilesina.