Algo se mueve en los banquillos de Primera

09.11.2015 | 01:47

Al margen de su perfil institucional, Abelardo forma parte de una nueva generación de entrenadores que, poco a poco, se está haciendo hueco en la elite del fútbol español. La llegada de Rubi al banquillo del Levante demuestra que los dirigentes empiezan a ver más allá de esa rueda que parecía reservadas a los "caparroses", "goikoetxeas", "jiménezes" y, por supuesto, "clementes", que durante tanto tiempo marcaron el paso de la liga española como supuestos abanderados de la eficacia. Luis Enrique, Marcelino, Eduardo Berizzo, Ernesto Valverde, Pepe Mel, Paco Jémez, Javi Gracia, Paco Herrera y otro recién llegado a Primera, Quique Setién, han demostrado que no hay nada más eficaz que intentar jugar bien al fútbol. Por supuesto perderán partidos, como todos. Y algunos descenderán, como cualquiera de los apóstoles de la sensatez, de esos que proclaman una y otra vez esa milonga de que los buenos equipos se construyen desde atrás. Una coartada para "amarrateguis". La proliferación de este nuevo perfil de entrenador es lo que ayuda a la liga española a ser la más atractiva del mundo, aunque no sea la más rica y se le escapen futbolistas que harían aún más acabado el producto.

Todos los honores para el "rey Novak"

La admiración eterna que merece Rafa Nadal no debe cegarnos ante el fenómeno que amenaza con convertirse en el mejor jugador de la historia del tenis. Novak Djokovic ha alcanzado tal nivel de perfección que la única incógnita al inicio de sus partidos es conocer la magnitud de su victoria. Porque los datos que exhibe en esta última fase del año son dignos de un extraterreste: en París se clasificó para su decimocuarta final consecutiva, algo que no había logrado nadie antes; lo consiguió después de dejar otra marca increíble, la de ganar 29 sets seguidos, hasta que Wawrinka le impidió llegar a los 30; y en París se apuntó otro éxito para los libros de historia al proclamarse campeón de seis Masters 1.000 en el mismo año, algo inédito hasta ayer. Superados aquellos ramalazos de arrogancia y malos modos en sus inicios, Djokovic es además un campeón ejemplar. Pese a su evidente superioridad respeta hasta al más modesto de sus rivales y solo tiene buenas palabras para otros monstruos, como Federer o Nadal, hoy por hoy muy lejos de él. "He alcanzado la cumbre de mi tenis", declaró ayer el serbio después de liquidar a Andy Murray en hora y media. Djokovic acaba de cumplir 28 años y, con sus dos encarnizados rivales en horas bajas, no se adivina ningún joven que pueda discutirle el trono del tenis mundial a corto plazo. Con diez torneos del Grand Slam en su palmarés, Djokovic aún está lejos de los 17 de Federer, incluso de los 14 de Nadal, pero estadísticas aparte el tenista serbio ha elevado el tenis a unos niveles de perfección dignos de admirar por todos.

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